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Kázaros y Cátaros (3): La carta del Khagan Yosef ben Aaron de Arkanos al Rabí Hasday Isaac ibn Shaprut de Córdoba


“Esta es la respuesta de Yosef, rey de los togarmeos (de Togorma, primogénito de Gomer, hijo de Jafet, hijo de Noé), a Rav (Rabí) Hasday, cabeza de la la res golá (judíos del exilio), ben Ishaq, ben Ezra, sefardí (de Sefarad o Al Andalus), caro para nosotros y honrado entre nosotros. Te comunico que nos ha llegado tu carta honorable a través de R. Jacob ben Eliazar, del país de Nemes...” (Alemania para eslavos, húngaros y árabes).

“En lo referente a lo que dices de tu tierra y de la ascendencia del que reina sobre ella (Abderrahmán III el Grande, de los Omeyas), ya nos había llegado información. Entre nuestros antepasados hubo ya intercambio de correspondencia de cortesía. Todo esto está guardado en nuestros libros y es conocido a todos los ancianos del país”, lo que insinúa la existencia de un senado, una cancillería y un archivo estatal.

“En tu carta inquieres de qué nación somos, de qué familia, de qué tribu. Has de saber que somos descendientes de Jafet, de los hijos de Togarmá, su hijo. En los libros genealógicos de nuestros padres hallamos que Togarmá tuvo diez hijos. Estos son sus nombres: el primogénito, Aguiyor, Tiros, Uvar, Uguin, Bisal, Torna, Kazar, Sanar, Balgad, Savir. Nosotros somos descendientes de Kazar, el séptimo. Está escrito de él que en su tiempo nuestros padres eran pocos en número, pero Dios bendito le dio fuerza y poder e hicieron la guerra contra muchas y potentes naciones. Con la ayuda de Dios las expulsaron y heredaron sus tierras; aquellas huyeron y ellos les persiguieron hasta que les obligaron a pasar el río Rona (Danubio), cerca de Constantinopla. Los kázaros heredaron su tierra”.

“Pasaron después algunas generaciones hasta que surgió un rey, de nombre Bulán”. “Fue un hombre sabio, temeroso de Dios en quien confiaba de todo corazón. Este apartó a los adivinos y a los idólatras del país y se refugió bajo la sombra de las alas divinas” (Ahura Mazda, representado como dos alas desde Ashur (Asiria), por lo que Bulan era mazdeísta). “Un ángel se le apareció en sueños...”.

Seguimos ante una tradición irania y el ángel se aparecerá tres veces con tres mensajes: “ora, acepta mis mandamientos” (dos veces) y, el tercero: “Los cielos todos no pueden abarcarme (el Tangri turco o Dyaus Pita indoeuropeo: "el cielo protector"), pero edifica, no obstante, una casa para mi nombre”. Él le respondió: “Señor del universo, estoy sumamente confuso (bulanik, en turco) ante tu presencia porque no tengo ni oro ni plata para hacer según conviene y es mi deseo”.

Aquél le replicó: “Mantente fuerte y animado. Toma contigo todos tus ejércitos y vete contra el país de Rodelán, y contra la tierra de Ardil. Voy a infundir en ellos el terror y el miedo ante ti y los entregaré en tus manos. He destinado para ti dos tesoros, uno de plata y otro de oro. Yo estaré contigo y te protegeré por donde quiera que camines. Cogerás el tesoro, volverás sano y construirás una casa a mi nombre”. “Él creyó e hizo como le había ordenado. Hizo la guerra y aniquiló aquel país, regresando incólume, dedicando todas sus riquezas al servicio divino y construyendo una tienda, un arca, un candelabro, una mesa, unos altares y los utensilios sagrados que existen hasta el día de hoy y están bajo mi custodia”.

Es tras éste extraño y sugerente fragmento cuando se inicia el proceso que concluirá con la adopción del judaísmo, por lo que, según el texto, primero se construyó el templo –el último y no el de Jerusalén, ya en ruinas antes de Rav Akiba y Bar Koba- y después se habría “convertido” con su familia y un grupo de la nobleza kázara. Lo absurdo de la proposición hay que analizarlo en el esquema de carta secreta. Lo más probable es que, cuando los kázaros del Khagan Bek Ziebil o Zabul, apoyaron a Heraclio (622 a 628 en tres campañas) contra los persas y tomaron Ctesifonte regresaran por Harrán, Armenia y Tiflis, reuniendo una caravana de exiliados judíos, rabinos incluídos que tenían en Harrán una gran comunidad, y les condujeran para su establecimiento hasta las ciudades kázaras, lejos de las persecuciones de bizantinos, romanos o persas, y poco después árabes, pues estamos en el momento de la Hégira de Muhammad a Medina.

El nombre del rey o khagan Bulán tiene también notable parecido con el kan Bayán de los ávaros, y el Balas que dirigía los 600 caballeros masagetas de Belisario (tur. Bay, bey: señor).

Siguió a Bulan Obadías, un descendiente: “Hombre justo y recto. Renovó el reino, fortaleció la religión según los preceptos y la halajá, construyó sinagogas y casas de estudio y reunió un gran número de sabios judíos a los que dio plata y oro en abundancia. Estos le comentaron los 24 libros, la misná, el talmud y el orden de las oraciones litúrgicas. El rey era temeroso de Dios y amaba la Torá y los mandamientos”. “Tras él subió al trono Ezequías, su hijo, a éste sucedió Manasés, su hijo; a éste, Janucá, hermano de Obadías; luego Isaac, su hijo; luego Zabulón, su hijo; luego Manasés, su hijo; luego, Nisí, su hijo; luego, Menahem, su hijo; luego, Benjamín, su hijo; luego Aarón, su hijo, y ahora yo, Yosef, hijo del mencionado Aarón. Todos hemos sido hijos de reyes. Ningún extraño consiguió sentarse en el trono de nuestros padres. ¡Quiera Aquel que hace reinar a todo rey que nuestro reino se mantenga fiel a su Ley y a sus preceptos!”.

La carta de Yosef ben Aaron describe así Arkanos, el Kanato Kázaro en lengua kázara, según se menciona en la Geniza del Cairo: “...se encuentra a las orillas del río que desemboca en el mar de Gurgán (el Caspio, al sur del cual se hallaba el paso homónimo de Gurgan), por el lado oriental, de cuatro meses de camino. Al lado del río habitan numerosísimos pueblos, con multitud de aldeas, ciudades abiertas y ciudades amuralladas. Son nueve naciones con numerosísimos habitantes las que nos pagan tributo” .

Nueve naciones, más la nación al que pertenece el Clan de Oro, son las Toquz Oghuzz o diez naciones: cada ala de las Treinta (tatar) en que se divide y organizaba ya Eurasia mil años antes en tres "alas" o ejércitos: el central dirigido por el clan de oro o dominante, la 'hungare' y la 'barungare' túrquica y mongol -de donde 'húngaros' y 'berengarios' o berenguers-, es decir, el ala izquierda y la derecha del ejército imperial del "océano verde" -la estepa euroasiática- en formación y mirando al sol del mediodía: mitra invicto. Nueve son y suman las cúpulas de San Basilio, con la central.

“Desde allí hace la frontera un círculo hasta Gurgan. Todos los habitantes de la costa marítima (antiguos massagetas) –que tiene la extensión de un mes de camino-, todos ellos nos pagan tributo. Por la parte meridional hay quince naciones, de muchos habitantes, muy poderosas, hasta Bab al-Abwâb ("La puerta de las puertas" o Puertas de Hierro de Alejandro, en el desfiladero caucásico cerca de Bakú, en Derbent) que habitan las montañas" (Kurdistán, Armenia y Cáucaso).

"Todos los habitantes de la tierra de Basa y Tanat hasta el mar de Constantinopla –en total dos meses de camino-, todos ellos me pagan tributo. En el lado occidental hay trece pueblos, numerosos y poderosos, que residen junto a la orilla del mar de Constantinopla. Desde allí hace la frontera otro giro hacia el norte, hasta el gran río de nombre Yusag (seguramente el Danubio o Danau en kázaro). Estos viven en ciudades abiertas sin muro, se mueven por el desierto hasta alcanzar la frontera de los Igrios (magyares). Son numerosos como la arena del mar (los escitas-alanos se identificaban con la arena por su multitud). Todos ellos me pagan tributo. La extensión de su tierra es de cuatro meses de camino”.

“Yo resido en la entrada del río y no permito que los rusos (rwsyym, posiblemente varegos, normandos y roxolanos, los posteriores "eslavos"), que navegan en barcos, hagan cala aquí, como tampoco permito a sus enemigos, que vienen por tierra (los árabes que no se pueden citar obviamente en una carta que sin duda conocería el propio califa Omeya cordobés), pasar a sus países. He tenido que hacer con ellos una dura guerra. Si les hubiere permitido, habrían devastado todo el país musulmán hasta Bagdad” (entonces en poder abbassí, enemigos y liquidadores de la dinastía omeya Damasquena).

Lo que, siendo cierto, esconde las grandes batallas, sobre todo la del 732, contra los califas omeyas de Damasco. La pacífica política de los iranios abbassíes, exterminadores de los omeyas y más partidarios del comercio y el lujo que de la guerra santa, hizo a los kázaros concertar acuerdos comerciales y de mutua protección fronteriza.

A mediados del siglo VIII un gran ejército chino será derrotados en Talas por una alianza de musulmanes sogdianos y turcos karlik -maniqueos-, dirigidos por el Bek kázaro y su caballería., lo que quitó a China el dominio de la Ruta de la Seda desde el Gobi (Gov: desierto) y la rica cuenca del Tarim o por el Turquestán uigur (Sinkian) y el Turkmenistán, las antiguas Sogdiana y Mawarannar (Amu y Syr Daria) o la Hyrcania ribereña al Caspio sudoriental.

Relata Masudi: “Poco después del año 300 de la Hégira (912-13), una flota rhus compuesta por quinientos navíos, con cien hombres en cada uno de ellos” apareció en la frontera kázara.

“Cuando sus buques estuvieron cerca de los kázaros, apostados a la entrada del estrecho, enviaron una carta al rey de los kázaros, rogándole que les permitiera pasar por su país y descender por el río y entrar en el mar de los kázaros (el Caspio) a condición que ellos le entregarían la mitad del botín que tomaran a los pueblos de la costa”. Masudi, árabe y no judío, acusa a los kázaros de soborno cuando lo normal es que pasaran a cambio del arancel del 10%, o con la citada promesa de pagar un 50% a posteriori con los beneficios obtenidos en los mercados caspianos.

“Se acordó el permiso y bajaron por el río hacia la ciudad de Itil, la atravesaron, y llegaron hasta el estuario del río donde comienza el mar de los kázaros. Desde el estuario hasta la ciudad de Itil, el río es muy ancho y sus aguas son profundas. Los buques de los rhus se diseminaron por todo el mar. Sus razzias se dirigieron contra Djilan, Djurdjan (Gurgán), Tabaristán y Abashun, en la costa de Djurdjan, en el país de Nafta (Bakú) y sobre la región del Azerbaidjan... Los rhus hicieron correr la sangre, mataron a mujeres y niños, robaron, pillaron e incendiaron por todas partes...”.

Mapa: Las rutas comerciales a inicios del s.VII, poco antes de las campañas de Heraclio en Persia.

“Cuando hubieron conseguido suficiente botín, cansados ya de sus correrías, se dirigieron de nuevo hacia la desembocadura, informaron al rey de los kázaros y le llevaron un rico botín, de acuerdo con las condiciones que habían sido fijadas con anterioridad... Los Arsiyah (musulmanes del ejército kázaro, seguramente seldjúcidas turcos, los citados vasallos del mar de Constantinopla) y otros musulmanes que vivían en Kazaria, se enteraron de la situación, y dijeron al rey de los kázaros: “Dejad que nos ocupemos de esas gentes. Han saqueado la tierra de nuestros hermanos los musulmanes, han derramado su sangre y humillado a mujeres y niños”. Y no les pudo contradecir. Entonces envió un mensaje a los rhus, informándoles de la determinación de combatirlos que habían tomado los musulmanes”, (debe entenderse la diplomacia pues los rhus eran clientes, como mercaderes y algunos de pueblos vasallos, de los kázaros, aunque debieran pagar las consecuencias de su acción criminal).

“Los musulmanes (de Kazaria) se reunieron y avanzaron en búsqueda de los rhus, siguiendo el curso del río. Cuando los dos ejércitos se encontraron, los rhus desembarcaron y avanzaron en orden de batalla contra los musulmanes, entre los que había numerosos cristianos que vivían en Itil, de manera que eran en total unos quince mil, con sus caballos e impedimenta. El combate duró tres días. Dios acudió en ayuda de los musulmanes. Los rhus (rus. rizhiy: rojo; rusiy: rubio) fueron pasados a cuchillo o perecieron ahogados... De los que murieron a orillas del mar de los kázaros se contaron alrededor de treinta mil”. Otros cinco mil rhus que huyeron, fueron a morir en manos de los burtes (buriatos o "conductores de carros" posiblemente alanos) y búlgaros.

Cuando, a partir de otro intento fracasado, en el 943, los kázaros prohíben el paso al sur de los barcos rhus, limitando el comercio a las caravanas y buques aliados (los barcos italianos eran hasta cinco veces superiores en carga a los normandos) se unen los intereses de Bizancio y los varegos contra Kazaria que limita sus movimientos y, por tanto, sus beneficios.

Sigue la carta del Kagan Yosef: “Quiero además informarte de que resido junto a este río con la ayuda del Todopoderoso. Dentro de mi reino dispongo de tres ciudades. En la primera reside la reina con sus servidoras y eunucos. Su dimensión es de 50 parasangas (como una legua, 5572,71 metros), juntamen- te con sus arrabales y aldeas adyacentes. En ella habitan moros, judíos y cristianos, como asimismo otros pueblos de diversas lenguas. La segunda ciudad, juntamente con sus arrabales, tiene una extensión de cuatro parasangas cuadradas. En la tercera ciudad resido con mis jefes, soldados y servidores más cercanos. Es pequeña, de una extensión de tres parasangas cuadradas. Entre los muros discurre el río” (Volga, Itil o Atil en kázaro).

“Residimos en la ciudad durante todo el invierno. En el mes de Nisán (marzo-abril) abandonamos la ciudad y cada cual se va a su campo (tur. kir), a su huerto, a su trabajo. Cada familia posee la herencia paterna (como el hereu y la pubilla catalanes). Allí van y residen con alegría y cantos. Nadie oye la voz del capataz, no hay pendencias”.

“Yo, con mis jefes y mis soldados, suelo recorrer el camino de veinte parasangas (una legua, o unos 5 kms) hasta que alcanzamos el gran río, llamado Varsán (posiblemente el Ural), desde allí hacemos un giro hasta alcanzar el extremo de esta provincia. Esta es la extensión de nuestro país y el lugar de
nuestro descanso”.

“El país no es de lluvias muy frecuentes, pero hay abundantes ríos donde se crían infinidad de peces (3 clases de esturiones hay en el Volga, uno de ellos unido a la técnica secreta de los arcos compuestos) y existen numerosas fuentes. El terreno es bueno y fértil: campos, viñas, huertos, jardines, todos regados por los ríos. Tenemos todo tipo de árboles frutales, en gran abundancia”. Lo que recuerda a Muqadassi (s. X): “En Kazaria, corderos, miel y judíos se hallan en abundancia”.

“He de informarte, además, que la frontera de mi país, por el lado oriental, tiene una extensión de
20 parasangas hasta el mar de Gurgán; 30 parasangas en el lado sur y 40 en el lado occidental. Yo habito en medio de mis prados, de mis campos, de mis viñas, de mis huertos, de mis jardines, de mis praderas. Por el lado norte hay 30 parasangas, con numerosos ríos y fuentes. Por la gracia de Dios vivo en seguridad”. El texto podría ser igualmente de un judío, musulmán, cristiano, gnóstico, mitraista, parsi o maniqueo.

La carta de Hasday que conocemos dice que Mar Isaac ben Natán no llevó la carta hasta Itil, por impedimento del emperador Constantino VII Porfirogeneta quien en su 'De administrando imperio' (escrita de 949-952) habla de los kázaros como potenciales enemigos de Bizancio, especialmente unidos a los alanos.

Habrían sido los mensajeros “dos israelitas” que llegaron a Córdoba con los embajadores otónidas (953), Mar Saúl y Mar Yosef: “Me dijeron “danos tu carta que nosotros la llevaremos al rey de los gábalos, el cual, por tu honor, la enviará a los israelitas que residen en el país de los húngaros. Estos, a su vez, la enviarán a Rusia y de allí a Bulgaria hasta que llegue tu carta, según tu deseo, al lugar que quieres”.

El comentario en boca de Isaac bar Natán sobre los caballeros kázaros de Tamatarka (Phanagoria, hoy Taman): “Y nos presentamos ante el ejército kázaro. La rudeza de aquellos hombres no impidió que nos demostraran una cordialidad sincera. Supe entonces que era un pueblo sencillo que desconocían muchas de las artes que son comunes entre sus iguales de Sefarad”, está inspirado en Al-Masudi, través de una copia de Dimaski, de 1327, que describe a los kázaros como: “Un pueblo inteligente pero sin instrucción, al que ofrecieron su religión (los refugiados hebreos de Bizancio). Estos indígenas (los kázaros) la juzgaron mejor que la suya y la adoptaron”. También recuerda el comentario de Jordanes de que los akatzirs, ganaderos y cazadores, “no conocían la agricultura”.

Y llamándose su país Arkanos, no es de extrañar que ni los más avezados intelectuales de aquellos siglos alcanzarán a comprender un sistema político-social de gobierno que Platón habría podido celebrar. Tampoco lo entendieron ni aceptaron Roma y la París de los Capetos carolingios, y la guerra entre el absolutismo plutocrático y oligárquico de una pretendida nobleza de sangre y de no de méritos y una sociedad de ciudadanos con los mismos derechos y donde se premie el mérito y no la cuna -los hombres buenos pecheros- sigue hoy día tan actual y dolorosamente como entonces. Aunque se explique con otras palabras.

Carles Acózar

(De "Los Lobos del Cielo")


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