El Colomí Missatger

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Europa y USA: Heces y moscas



Los anticomunistas que se llenan la boca echando pestes de la URSS y que aprovechan cualquier oportunidad para atacar a los comunistas, en vez de a los que cualquiera con cerebro, en un mundo globalmente controlado por las plutocracias y sus secuaces, consideraría sus enemigos de clase, suelen ser fáciles de cazar con matamoscas. Pero, como dice el refrán, es inútil intentar dialogar con quienes van de sordos o de autistas, con la única ideología de mantener el chollo conseguido o anhelado, y pese al ridículo continuo que su incompetencia demuestra, cuando todas las evidencias apuntan a lo contrario de lo que ellos afirman. Los tontos tienen mala memoria...

Y lo mismo pasa a nivel de bar que en las altas esferas de la gran política, ésa que lleva milenios en manos de deficientes mentales, alcohólicos conocidos, pavos embusteros y asesinos en general, de ambos sexos, sin discriminaciones, y con nulidad matrimonial y virginidad avalada por la santa iglesia, si es menester. Los insignes que financian con "premios" bochornosos y salto de clase -de bloguer@ a VIP- a aquellos siervos que cumplen su deber sin pestañear, ni menos pensar en cuantas víctimas inocentes les han pagado y les pagarán, cada día que pase, su permanencia en la vergüenza y la mentira.

Estos días encontramos muchos ejemplos.
Sea el papel de la iglesia católica y la piara de cerdos que gobernando Irlanda permitieron y permiten los abusos de una secta criminal que -para dolor de los idiotas- prohíbe la comunión a sumisos borregos por votar una ley justa y civil, pero no duda en canonizar asesinos, financiar dictaduras  tan ejemplares como la filipina, y glorificar bajo palio genocidas católicos por doquier, futura carne de altar que adorará la caterva de necios acomodotacios.
O el de la anglicana y muy fascista Inglaterra, traficando con niños pobres y organizando, en pleno fin del s.XX, un mercado de niños y niñas esclavos para desarrollo y placer de los sires y ladies de sus colonias.

Y ese Tony Blair que, mientras se destapa que tanto él como los demás genocidas de las Azores (Barroso incluido) conocían perfectamente la inexistencia de armas químicas ni de peligro alguno para sus señorías plutocráticas, en el Iraq laico y útil cuando convino de Sadam Hussein, y que USA ya antes del "atentado" del WTC había decidido la invasión, sigue intentando justificarse para que no lo juzguen por el holocausto de un millón de iraquís, otro tanto de iranís de sus predecesores y lo que va de afganos y paquistaníes, sino que le den también, como a otros tantos fieles siervos del fascismo sin escrúpulos y buenos creyentes, un Premio Nobel de la Paz.
Nada dicen esos demócratas ejemplares, apalancados anticomunistas y mamones ignorantes, fanáticos religiosos y morralla egoista en general, del peligro israelí, con armas atómicas en manos de gentuza procesada por corrupta en su propio país, desde el primero hasta el último macaco. Nunca en sus blogs.
Les parece fantástico si las tiene y usa impunemente la vieja reina del jamón de buco,  que tanto quiere a las baronesas Thatcher y Ashton, tan demócrata y culta como su parienta española.
Y se ilustran leyendo al Churchill de la Charretera, el mata boers, que tanto admiraba a Mussolini; y admiran y ponen de ejemplo a la Alemania del  Kohl, que se llevó lo que pudo de la caja, su secretaria y sucesora y sus amigos, ladrones modélicos de Liechtenstein (allí está el dinero que debía servir para compensar a los del este por la privatización a saldo de su país; los españoles de la lista aún están por ser publicados en la libre estaenpana). 

Tienen su norte en la Italia del mafioso Berlusconi, modelo a seguir para el corral español, con sus mercenarios mata afganos y sus piratas pescateros, sus burdeles autonómicos y sus próceres babeando por la USA del payaso burro Bush y su sucesor, el payaso listo, Obama.
Ese que va de bonito, pidiendo a China que revalorice el yuan para ayudar a las maravillosas economías capitalistas y a la "más poderosa del mundo", que tiene su moneda flotando y no en la miseria gracias al Banco de China. Aplaudido por la claca creyente en los milagreros y videntes, a falta de entender las mates, que sumisa y bobalicona le lame perruna mientras en el patio trasero organiza fascistadas en Honduras, con simulacros a la española de elecciones pucheras sólo para cretinos. 

O invade su coto de drogas particular, Colombia, como en los buenos tiempos de papá kissinger, donde su pelele, Uribe de Harvard, tiene la dignidad nacional en el mismo sitio que los latifundistas santacruceños contrarios a Evo Morales, y el nacionalsocialista y chorizo Alán García en Perú: entre los dos bolsillos.
También se niega el sacrosanto hipócrita a cerrar Guantánamo, a acabar con el bloqueo criminal a Cuba o con la producción y venta de minas antipersonas, ayer mismo... Pero sus objetivos son cojonudos... ¡lo dice el Jews York's Times!
Ahí y aquí hay una buena corte de lameculos y meapilas creyentes en la infinita bondad del amo, jurando que todo el mal será para imponer el bien,  que la maldad inherente al sistema dará sus frutos, porque con sus migajas el fascismo alimenta un mercado global de miserables, embusteros, y mezquinos amorales, dispuestos a gritar, con la mierda al cuello: ¡Es una excepción, la mierda es sólo una excepción!
Mil toneladas de porquería no hacen vertedero, para la caca retozona. 


Esa prensa occidental vista por RIA Novosti
Dmitri Kosirev 
A juzgar por los estereotipos establecidos en la sociedad de Estados Unidos, el embajador estadounidense en Pekín se ha comportado de manera muy extraña. Vale la pena destacar que últimamente con los funcionarios de la administración de Barack Obama han sucedido muchos incidentes poco comunes en Washington.
¿Será una influencia del modo de obrar de Obama, o se trata de la adaptación de funcionarios sin experiencia?
En resumen, la élite de la nueva administración estadounidense no cesa de insultarse y arremeter el uno contra el otro (hasta al mismo Presidente) en los medios de comunicación.
Por lo visto, se trata de una nueva tendencia en EEUU, dominado por la burocracia, y donde la gente suele abusar de términos en el habla común desde hace mucho.
Pero el embajador estadounidense, Jon Huntsman, fue más lejos. Se atrevió a expresar su malestar con los medios de comunicación estadounidenses, y esto ya es un sacrilegio.
Se puede criticar una religión o una de las tantas sectas que abundan en EEUU, se puede reñir a los s compañeros de oficio como demuestran los debates públicos sobre Afganistán pero, sin embargo, nadie tiene derecho de arremeter contra los medios de prensa, porque semejante ataque es comparable a un suicidio.
Huntsman no armó un escándalo. Solamente  declaró que los medios de información estadounidense "no prestaron la debida atención" al hecho de que las relaciones chino-americanas lograron un avance notable.
"Asistí a todas las reuniones de Barack Obama y el Presidente de la República Popular China, Hu Jintao", dijo el embajador a los estudiantes de la Universidad de Pekín.
"Las noticias publicadas sobre el tema no tenían nada que ver con la situación real. Leí hasta unos comentarios sobre problemas que aún no se habían discutido", comentó el embajador.
Al respecto, todos los medios de comunicación se acusan (muy cortésmente) de incompetencia.
¿Y qué escribieron los periodistas norteamericanos (y sus sucursales en TV3 y demás mierda nacional) sobre el aludido viaje de Obama? Pues que el Presidente no logró formalizar el compromiso con los chinos respecto al programa nuclear de Irán (China sigue rechazando sanciones contra Irán), que tampoco hubo acuerdo sobre el cambio climático y no se trató como se debía el asunto de los derechos humanos.
La visita Obama al Japón fue comentada de forma similar: en primer lugar los periodistas norteamericanos discutieron por qué el Presidente de EEUU hizo una reverencia tan profunda al Emperador del Japón, "a lo japonés", ¡qué fastidio! El Presidente de los Estados Unidos debe mantenerse erguido y orgulloso sin hacer reverencias.
Y sin embargo,  durante su visita a China, Obama tuvo complicaciones relacionadas con cosas muy distintas de las descritas por la prensa estadounidense.
Recordemos, por ejemplo, el discurso del primer ministro del Consejo de Estado Wen Jiabao, sobre las declaraciones divulgadas por los expertos norteamericanos respecto al control del mundo desde Pekín y Washington.
"China no necesita el llamado Grupo de los Dos" dijo el primer ministro chino, "porque China no planea aliarse con algún país o grupo de países".
Además, Estados Unidos aspira aprovechar la influencia china en Pakistán en su guerra contra los talibán. Pero no olvidemos que India siente disgusto por estas relaciones, y su primer ministro, Manmohan Singh ha viajado a Washington estos días.
En general, no sólo Obama sino también George W. Bush tenían previsto estrechar relaciones con China, por entender que la época de confrontación con este país ya pasó a la historia.
Sin embargo, los medios de comunicación estadounidenses renunciaron a las filigranas de la diplomacia, y en esto, el embajador de EEUU en Pekín tiene razón. La prensa estadounidense planteó a Obama una serie de tareas que no se cumplieron durante su visita a China, y por eso sometieron al presidente a  acerbas críticas.
Cabe señalar que la prensa oficial china y los medios de Internet y bitácoras (blogs), leidos por unos 380 millones de chinos, publicaron una información objetiva  sobre las negociaciones, incluso ciertos  hechos y opiniones.
Al respecto de la prensa estadounidense se puede decir muchas cosas. Recordemos, por ejemplo, lo que sucedió en el agosto de 2008 cuando Georgia atacó Osetia del Sur, y Rusia acudió en ayuda a la población civil y del contingente de paz ruso emplazado en la zona.
Entonces, los periodistas europeos y estadounidenses no pudieron ni siquiera suponer que Rusia pudiera tener la razón. Hoy día todo el mundo sabe que los medios de prensa occidentales más influyentes falsificaron la información sobre aquella tragedia.
Y mientras la prensa europea ya ha publicado, con más o menos detalle, reportajes verídicos de lo que ocurrió en Osetia del Sur, la prensa estadounidense (ni la catalana o la mesetaria) ni siquiera menciona que el presidente de Georgia, Mijail Saakashvili fue el responsable de esa guerra.
Y no se trata sólo de la política oficial, los  periodistas estadounidenses están convencidos de que de esa forma están cumpliendo con su deber.
Desde los años noventa, los medios de prensa rusos hacen lo mismo que los estadounidenses, sin que la situación mejore. Hay pocas publicaciones que expliquen el porqué de una u otra visita a un determinado país. Si no sabes lo que pasa, es mejor callar.
Pero esta ignorancia es sustituida por mitos que cultivan y divulgan los periodistas. El Kremlin no los produce.
Lo que ocurre ahora en EEUU se parece a lo pasó en los tiempos de Gorbachov y de Yeltsin al mismo tiempo. Unos no ven todavía que América del Norte va reestructurándose, otros lo entienden muy bien.
En los años ochenta y noventa los medios de comunicación rusos también demandaban que el Presidente ruso nunca hiciera reverencias. Y en vano fue esperar que los periodistas rusos hicieran un análisis correcto del comportamiento del Gobierno de Rusia o de algún otro país.
Por lo visto, tenemos problemas semejantes: hoy día los medios de comunicación se convirtieron en un rebaño de periodistas incompetentes y a veces hasta mal educados (Ça c'est moi: la mauvais education!). El mercado de este sector no estimula mejorar la competencia. Es una crisis sistémica y global del periodismo.
Aunque el "tercer poder", la Justicia, es independiente, actua conforme a los códigos. El periodismo que pretende llamarse "el cuarto poder" no tiene ningún código pero sí reacciona con rabia a cualquier acusación de incompetencia.
Por eso podemos comparar al embajador  Huntsman con un suicida. Pues, vamos a ver, qué inventarán los periodistas de su país para castigarle.


El ex embajador británico ante la ONU tilda de "cuestionable" la legitimidad de la invasión de Irak.
El diplomático afirma ante la 'comisión de la verdad' que será difícil decidir si fue una guerra ilegal.
Londres supo antes de invadir Irak que no existían vínculos entre Sadam y Al Qaeda.
El Gobierno que dirigía el laborista Tony Blair también conocía antes de que comenzara la guerra que el régimen no tenía la capacidad de utilizar armas químicas.
La opinión de Blair sobre Sadam se endureció tras un encuentro con Bush en 2002.
Bush ya pensaba atacar Irak antes del 11-S. (El País).


Nadie les quería, todos abusaron: Reino Unido deportó a las colonias a decenas de miles de niños sin recursos entre 1937 y 1967.
PATRICIA TUBELLA, El Pais.

George Harper se creía el protagonista de "una gran aventura" cuando a la edad de nueve años fue embarcado en su Escocia natal con rumbo a Sidney. Las autoridades estatales habían convencido a sus padres, que carecían de medios para su sustento, de que accedieran a enviar al pequeño a Australia, bajo la promesa de que allí le esperaba "una vida mejor". Ese destino compartido con otros niños de Fairbridge, su pueblo, se trocó pronto en una horrorosa pesadilla. Lo que el nuevo mundo deparaba a George fue convertirlo en mano de obra infantil en una granja remota, donde sufrió reiterados abusos físicos y psicológicos hasta que cumplió los 17 años. Sólo volvió a saber de sus progenitores cuando en 1999, ya un jubilado, regresó a tierras escocesas. Ambos habían muerto.
Estaban ingresados en centros sociales, pero sólo un 15% de ellos eran huérfanos.

A tantos británicos cuya infancia fue sinónimo de explotación, de pérdida de identidad y raíces, expresaba su disculpa pública hace poco el primer ministro australiano, Paul Rudd. "Os pedimos perdón por haber sido arrebatados de vuestras familias, perdón por los sufrimientos físicos, por la tortura emocional, por la fría ausencia de amor, ternura y cuidados", declaró en una ceremonia celebrada en Canberra ante la presencia de centenares de supervivientes, los llamados "australianos olvidados".
A lo largo de tres décadas que abarcan hasta 1967, entre 7.000 y 11.000 niños procedentes de la metrópoli británica fueron deportados a Australia, bajo el popular eslogan de la época que rezaba "el niño, el mejor inmigrante". La cifra se multiplica al menos por 10 cuando se contabiliza el total de niños enviados a diversos países de la Commonwealth, principalmente Canadá y Suráfrica. El grueso contaba entre 3 y 14 años, procedía de los estratos sociales más humildes. Eran niños ingresados en instituciones regentadas por el Estado o la Iglesia, aunque sólo una minoría (alrededor del 15%) eran huérfanos. El resto tenía familia.
Algunos padres tuvieron la opción de elegir el lugar donde sus hijos serían recolocados, pero a muchos se les hizo creer falsamente que sus retoños iban a ser adoptados por parejas de clase media en el mismo Reino Unido. Todos estaban convencidos de que entregaban a sus hijos a un futuro repleto de posibilidades, cuando en realidad fueron desviados hacia las colonias para desempeñar trabajos impropios de la edad y ser de nuevo recluidos en centros supuestamente caritativos en los que recibieron un trato denigrante.
Detrás de esta historia trufada de mentiras, crueldad y completa dejación oficial subyace el interés del Gobierno británico por desprenderse de lo que consideraba una carga. Las autoridades australianas estaban encantadas de recibir esas "remesas" de niños porque, en palabras del entonces ministro de Inmigración, Arthur Calwell, se necesitaba "una inyección de sangre blanca". A muchos pequeños se les comunicó que sus padres habían muerto. La política oficial implicaba además separar a los hermanos una vez arribados al nuevo país.
Theresa Whitfield todavía presenta bien visibles las cicatrices que testimonian los malos tratos sufridos a manos de las monjas que regentaban un orfanato en Neerkol, enclave rural en el norte de Queensland. Los castigos eran frecuentes si no cumplía con su dura jornada de trabajo. Sólo tenía ocho años cuando llegó a aquel inhóspito lugar. Relatos como el suyo fueron llegando a un comité parlamentario británico que investigó el caso de "los niños perdidos" a finales de los años noventa. Otro de los testigos (su nombre no fue desvelado) explicó cómo los sacerdotes católicos de una institución de Tardum (oeste de Australia) perpetraron con él reiterados abusos sexuales. El pequeño se autolesionaba entonces para que las heridas afearan sus ojos azules.
El mea culpa entonado por Rudd ante esos episodios deleznables estuvo dirigido en conjunto al medio millón de niños ingresados en orfanatos y centros caritativos australianos entre 1920 y 1970, independientemente de su origen. El grupo de pequeños procedentes de Reino Unido encarna tan sólo una parte de esa vergüenza. Una organización que canaliza las denuncias de los británicos afectados se ha mostrado descontenta con el gesto del primer ministro australiano: a su entender, las víctimas británicas a las que defiende constituyen un colectivo singular con su propia historia, y así debería ser reconocido. Lo cierto es que el Gobierno de Australia aparece desbordado para reparar -si eso resulta posible- tantos daños infligidos a seres vulnerables. El año pasado, el Gobierno australiano se disculpó públicamente por las políticas acometidas durante la colonización contra los niños aborígenes, arrancados de sus familias para asimilarlos a la cultura blanca.
Muchos de los afectados británicos que hoy sobreviven, sin embargo, han agradecido las palabras de Rudd. "Éste es el momento de los lamentos y sollozos, pero también el de alivio y alegría", dijo en el acto de Canberra Caroline Carroll, presidenta de la Alianza de los Australianos Olvidados.
Lo que nadie acepta es que el Gobierno de Australia se haya adelantado al de Reino Unido a la hora de reconocer esa tropelía histórica. "Gordon Brown [actual primer ministro británico] debería avergonzarse por ocultar la cabeza bajo tierra. Hemos recibido las disculpas del Gobierno australiano antes de que las formulara el país en el que nacimos", sentencia Carroll. Portavoces de Downing Street han garantizado que Brown encarará la cuestión el próximo año, sin mayores precisiones (y ése es un dato importante, porque los sondeos auguran que será descabalgado del poder tras las elecciones de mayo). El jefe del Gobierno canadiense, Stephen Harper, todavía no se ha pronunciado al respecto.
Sandra Anker tenía seis años cuando fue enviada -o, como ella prefiere decir, "fue exiliada"- a la Australia de 1950. Pensaba que su destino estaba en África, escenario de los sueños aventureros de su infancia, pero acabó en Melbourne. "Pasé muchos años esperando que alguien se diera cuenta del error y acudiera a rescatarme", explica hoy. La Sandra adulta sigue reclamando las explicaciones del Gobierno británico, una disculpa nacional que se equipare al menos con la expresada por los australianos: "Hemos sufrido a lo largo de toda nuestra vida y nadie [en Londres] quiere escucharnos. ¿Cómo se suponía que íbamos a regresar a nuestro país de origen y localizar a nuestras familias? ¿Por dónde empezamos?". Toda esa rabia, alimentada por años "de miseria, de no saber de dónde eres o quién eres", encierra para Sandra y los niños olvidados un único anhelo, la necesidad de sentirse de nuevo "bienvenidos en la que fuera nuestra tierra de nacimiento".
Mano de obra infantil
- Desde los años treinta y hasta 1967, entre 7.000 y 11.000 niños británicos fueron deportados a Australia. La mayoría tenía entre 3 y 14 años.
- La cifra se multiplica por diez si se contabilizan los que fueron enviados a los demás países de la Commonwealth, principalmente Canadá y Suráfrica.
- Ni Reino Unido ni Canadá se han pronunciado aún.
- La política oficial implicaba separar a los hermanos.


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