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Mithradates VI Eupator: el Salvador de Asia (120-63 ane.)

Μιθραδατου, Βασιλεωσ, Ευπατοροσ. Moneda de Mithradates VI Eupator, rey del Ponto y el Bósforo (ca.120 a 60 ane.)

Sobre Mithradates VI Eupator, rey del Ponto, Crimea y el Bósforo -todo el entorno del Mar Negro-, conocemos, por el romano Justino (37,2), una curiosa y antigua tradición, relacionada con los ritos secretos de los osetios de Osetia, Adiguea, Txetxenia, Ingushetia o Daguestán, y con el mito del Saoshyant o Mesías: “Su grandeza había sido anunciada por presagios celestes. El año que nació, o cuando comenzó a reinar, un cometa brilló durante setenta días” (en persa el número siete se dibuja como una V, símbolo de la victoria que se hace con los dedos -y que no inventó Churchil- y del nivel iniciático más alto del mitraismo, el de padre, pater).

“Lució tan intensamente que pareció que el cielo ardía. Era tan grande que ocupaba un cuarto del cielo y su brillo sobrepasaba al del sol brillante. Siendo muchacho sobrevivió a todas las persecuciones de sus maestros, que le obligaron a montar un caballo salvaje y a lanzar jabalinas”. Mithradates domó al animal con una habilidad impropia de su edad”.

“Trataron de envenenarle sin conseguirlo, pues bebió continuamente antídotos y gracias a remedios seguros y seleccionados se inmunizaba contra los peligros”. “Después, temiendo que sus enemigos obtuvieran con las armas lo que no lograron con el veneno, fingió haber sido enviado a cazar. Durante siete años no entró en una casa ni en una ciudad, ni en el campo. Erraba en los bosques y pasaba las noches en las montañas”.

”Todo el mundo ignoraba dónde se encontraba. Escapaba de las bestias salvajes corriendo, o los perseguía y luchaba con algunos de ellos. Así, escapó a los perseguidores, y enseñó a su cuerpo a soportar todas las fatigas”.

Mithradates VI Eupator (120-63 ane.), rey del Ponto y el Bósforo (todo el contorno del Mar Negro) fue considerado por sus contemporáneos avatar del Saoshyant o Mitra reencarnado que venía a vencer al malvado hermano gemelo de Ahura Mazda (u Ormuz: Señor Sabio), Aingra Mainyu o Áriman, el señor de la mentira y la ignorancia. Meithras, el Saoshyant, fue reconocido en su tiempo como el Salvador (título que ya fué del primer Herakles) esperado por la humanidad, esclavizada bajo la avaricia y maldad del imperio romano y sus secuaces.

Se cree que fue Mithradates VI Eupator quien invadió Crimea y se repartió Paflagonia y Cilicia con Nicomedes II de Bitinia (104-103), trazando un plan conjunto para apoderarse de Capadocia, aunque los preparativos del cónsul romano Mario les detuvieron unos años.

Mithradates (Μιϑραδατεσ) hizo del Ponto el centro de un auténtico imperio que comprendía las ciudades del Mar Negro, la Cólquida (Akzharia-Georgia-Abhasia) y el reino del Bósforo y Crimea, donde “bastaba con escarbar la tierra para que rindiera semilla al treinta por uno”, y con una población de dos o tres millones.
Pelópidas, embajador de Mithradates ante los romanos les dice:

“Y cuenta con amigos dispuestos a cumplir todo lo que les mande, como los escitas (ucranianos), tauros (de Crimea), basternas (rumanos), tracios (búlgaros), sármatas (sureuropeos: alanos, antas, hérulos, roxolanos, longobardos, burgundios, yaziges, magyares, godos...) y todos los pueblos que habitan en la región del Tanais, del Istro y de la laguna Meótide (Mar de Azov). Tigranes, el armenio es su yerno y Arsaces de Partia, su aliado; posee una gran cantidad de naves, una parte dispuesta ya y otra en plazo breve, y material de guerra digno de mención en todos los aspectos”, Apiano, Mithridática, 15.


Mitra tauróctonos, anverso de la taurobolia de un mithraeum en el Louvre, con el ritual secreto de Mitras, "pastor sagrado" y el "toro amigo"

La dinastía de Mithradates estaba profundamente helenizada, como los judíos asmoneos del Sumo Sacerdote Jasón o Jesús (ca. 120 ane.).

El gobernador romano de Asia, C. Casio, y el legado M. Aquilio presionaron a Nicomedes IV de Bitinia para que invadiera el Ponto, realizando éste una audaz incursión en la primavera del 89 y llevándose en botín el pillaje de Amastris.

En respuesta, el otoño siguiente, Mithradates, aliado al rey Tigranes II de Armenia, yerno del rey parto Fraates III, ocupó Capadocia, reagrupó sus tropas y aplastó las de Nicomedes, que se había infiltrado en Paflagonia; éste huyó a Roma.

En la primavera del 88 entró en Frigia y se le rindió la flota del Bósforo, abriendo así a los almirantes pónticos las puertas del Mediterráneo. M. Aquilio, el legado romano instigador de la guerra, fue capturado y conducido a Pérgamo, atado sobre un asno, sometido a tortura y ajusticiado.

El rey Mithradates era recibido por los liberados con entusiasmo: “Le daban los nombres de dios, padre, salvador de Asia, Evio, Nisio, Baco, Líber”.

Si Sertorio, que aliado a Mitradates se enfrentaba a César en Hispania y la Galia, al mando de los bagaudas o partidas de guerreros celtíberos aún insumisos contra el imperio, se comunicaba con la diosa a través de su gamo blanco, según Eliano (VII, 46):
“Mitrídates del Ponto no gustaba de confiar su seguridad personal, mientras dormía, a las armas o a los hombres armados, sino que tenía como guardianes a un toro, a un caballo y a un ciervo domesticados. Estos animales lo guardaban mientras dormía y, si alguien se acercaba, en seguida lo reconocían por su respiración y despertaban al rey: el toro con sus mugidos, el caballo con sus relinchos y el ciervo con sus rebramos”. De donde la tradición del buey y el asno, o caballo, en el pesebre o antro del solsticio hiemal de los misterios gnósticos.

El odio que se habían granjeado los romanos fue debidamente canalizado por el rey y, en un día determinado del año 88, por orden suya, se daría muerte a todos los romanos de Asia y su fortuna sería repartida entre el rey (que dejó Asia exenta cinco años de impuestos), los denunciantes y los asesinos. Algunas ciudades (Quíos) conservaron los beneficios de la operación y en otras, como Cos, los judíos fueron también expoliados de su oro.

La matanza del año 88 ane. minuciosamente organizada por Mitradates en Asia Menor causó entre 80 mil víctimas y las 150.000 que menciona Plutarco y que se consideran exageradas, y estuvo marcada por numerosas atrocidades que han llevado a los historiadores a “aceptar la evidencia y admitir que había surgido un racismo contra los romanos, como consecuencia de todas las frustraciones de los provinciales”.
Abarcó un amplio espacio, desde Siria y Palestina, hasta Egipto, Chipre, Rodas o Quíos, los Balcanes y Grecia, y, desde luego, las provincias anatolias.

En las proclamas mitridáticas se declaró abolida la esclavitud, se “perdonaron las deudas” hasta en un 50 por ciento y se liberó, o remitió, a los deudores morosos esclavizados.

Las tierras de los patricios oligarcas romanos fueron repartidas entre los liberados y la capital se trasladó de Sínope a Pérgamo. Capadocia, Frigia y Bitinia pasaron a ser provincias pónticas y, muy importante: Mitradates VI mantuvo contactos con el general Sertorio en Hispania, para combatir a los latifundistas romanos conjuntamente, aportando la alianza de los piratas, llamados en Roma cilicios de forma generalizada aunque su procedencia fuera diversa y heterogénea. Era una guerra mundial, desde el Hindu-kush hasta Galicia.

Ello era fruto de la lucha de agricultores, mercaderes, marinos y armadores de todos los mares contra el monopolio tiránico que Roma y sus clientes imponían cada día más pesadamente a aquellos considerados pueblos sometidos, sin derechos de ciudadanía, aún siendo "aliados" y tributarios sumisos.

Fenicios de Tiro y Biblos o griegos de las costas jónicas y pónticas, egipcios y libios o aún de Chipre y de Creta, se encontraban entre los miles de piratas, marinos y comerciantes oprimidos por las condiciones draconianas de los romanos y la arbitrariedad de su política. Aquel concepto de piratería tiene curiosos paralelismos con la actual falsificación de marcas comerciales de lujo o de discos compactos y DVD, aunque algunos consideren que lo de Irak o la “descolocación” de factorías de las multinacionales causan menos muertos.

Lo cierto es que las revueltas de pónticos, sicilianos, celtíberos, bagaudas, palmirenses, sirios, hebreos, suevos y vándalos del Rhin, cimbrios, íberos, ilirios, teutones, cuados, sármatas, marcomanos, godos, catos, númidas o libios contra Roma fueron tan constantes como las generaciones de sometidos se recuperaban de las masacres con que eran reprimidos.

Fueran los seis mil capturados del ejército de Espartaco, crucificados a lo largo de la Via Appia, o los sesenta mil que murieron luchando contra el verdugo de los oligarcas, Sila.

O los atenienses de la rebelión democrática que eligió por líder a Aristón, ex esclavo y filósofo epicúreo, masacrados también por Sila, y aún los miles de romanos partidarios de Tiberio Graco o de Mario y otros tantos demócratas que sufrieron la venganza del general que, al fin de su vida y al parecer gravemente enfermo (“comido por los gusanos”), murió retirado y despreciado en su finca del campo.
Este cruel y sanguinario Sila fue el encargado por Roma para enfrentarse a los ejércitos de Mithradates VI y sus aliados en el Épiro, Macedonia y Atenas.

Refugiados los esclavos y sublevados de Aristón en Atenas y su puerto, el Pireo, fueron masacrados con toda la población por las tropas de Sila, que ya había robado los tesoros de los santuarios griegos, como el de Delos, Olimpia o Delfos, y saqueado otras muchas ciudades para mantener el costo del asedio. Aunque la ciudad estaba ya tan arruinada por la tiranía que sólo encontró 40 libras de oro y 600 de plata como botín.

Seguidamente, tras fijar una constitución en Atenas aún más oligárquica que la anterior a la rebelión, se enfrentó a Mithradates en Asia Menor, sometiéndole al pago de tres -o dos- mil talentos y la entrega de 80 naves de guerra, lo que hizo que se llamara a Mithradates “el vencido victorioso” comparando su suerte con la de sus aliados capturados, cuyos jefes ejecutó Sila, además de “gravar las provincias de Asia con 20.000 talentos y abolir las leyes de Mitradates”.

Tras descansar el invierno en Atenas y expoliarla de nuevo, Sila “con un ejército de 40.000 hombres, cargado de botín, desembarcó en Brindisi: empezaba para Italia una nueva guerra civil”.

En el año 66 ane. la ley Manilia amplía los poderes otorgados por la anterior Lex Gabinia y concede todo el poder de Oriente a Pompeyo que derrota a los piratas que se le enfrentan, matando o capturando unos 10.000, 800 naves y 120 fortalezas, y propone con los más una alianza, llevándolos a Roma con su flota que poco antes había osado atacar el propio puerto de la metrópoli, Ostia.

Una de las consecuencias de este traslado de piratas frigios y lidios a Roma fue la aparición en Ostia de los primeros mithraea de occidente, como afirma Plutarco: el enemigo en casa.

Derrota Sexto Pompeyo después a Mithradates en Armenia Menor, huyendo entonces el rey hacia el Cáucaso, y a Tigranes de Armenia, que deberá devolver Siria a Roma. Mithradates VI, cercado en Panticapaeum y abandonado por su hijo Farnaces II y sus generales, dicen que se suicidó en el año 63 ane.:

“El propio Mitrídates extrajo una bolsa con veneno que siempre llevaba en la funda junto a su espada y lo mezcló. Dos de sus hijas, unas niñas aún que se criaban juntas, llamadas Mitrídatis y Nisa, que habían sido prometidas en matrimonio a los reyes de Egipto y Chipre, le suplicaron tomar el veneno antes que él e insistieron con vehemencia y le impidieron que bebiera hasta que no lo hubieran hecho ellas. El veneno hizo efecto en ellas de inmediato, pero no así en Mitrídates, aunque éste se movía con rapidez a propio intento, a causa de su costumbre de ingerir otras drogas de las que se servía continuamente como una protección contra los envenenadores; estas drogas, por cierto, todavía se conocen con el nombre de “drogas mitridáticas Así pues, al ver a Bituito, un oficial galo”, le pide el rey que le mate y “movido a compasión, prestó al rey el servicio que deseaba” (Apiano, Mit., 111).

Para festejar la derrota de Murena, junto al río Halis (Kizil Irmak), Mithrádates celebró un sacrificio a Júpiter Estratio, en Capadocia, cuya capital, la santa y muy antigua Comana Áurea, había sido saqueada por el romano:

“Según la costumbre de su país, acumularon, sobre un monte elevado, una enorme pila de madera. Los reyes son los primeros en llevar leña a la pila, y la rodean en círculo con otra más pequeña; sobre la más alta colocan leche, miel, vino, aceite y toda clase de inciensos, y sobre la inferior, colocan pan y carne para ofrecer un banquete a los asistentes, como en los sacrificios de los reyes persas en Pasargadas, y luego prenden fuego a la madera. La llama de ésta, al arder, es visible, por su altura, a una distancia de mil estadios desde el mar (180 km.), y dicen que durante muchos días no es posible aproximarse porque abrasa el aire”. El Sermón de la Montaña...

Ocurrió este suceso en Zela, donde años más tarde Julio César derrotaría a Farnaces II, hijo del rey ya muerto, escribiendo a un amigo en Roma: “Veni vidi vici”.
(De "Los lobos del cielo", C.A.G.).

¿Tiene alguien un sólo dato histórico del Jesusito? ¿Cómo es que no se habla de Mithradates -que es historia, como Mani o Muhammad- en los libros de historia de Opuspaña pero sí se habla de un tal Aragorn-Jesús? ¿Será porque hay quien vive en el XVII? Otro día hablaremos de Yashua y de Jasón, de El, Elvim y Yavé, que estaba siego!

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