Desde el mitraismo de Cómodo, Caracalla y Constantino, al catolicismo imperial de Theodosio de Cauca

Desde el mitraismo de Cómodo, Caracalla y Constantino, al catolicismo imperial de Theodosio de Cauca, la puntilla del imperio

Tras la muerte de Marco Aurelio (161-180 dne.) en la campaña de Viena, contra marcomanos, cuados y otras tribus sármatas, le seguirá su hijo, el emperador Cómodo (abajo escultura de Cómodo (180-192 dne.) representado como Hércules, parte del ritual secreto mitraico), gladiador de afición y hermano de Mitra o iniciado en los misterios de Eléusis, asesinado por su delirio ni estoico ni fraternal.

Lucio Aurelio Cómodo Antonino (31 de agosto de 161-31 de diciembre de 192), comúnmente conocido como Cómodo, fue emperador del Imperio romano entre los años 177 y 192. Hijo de Marco Aurelio y Faustina la Menor, nació en Lanuvium y fue el último miembro de la dinastía Antonina. El nombre es el oficial que recibió a su ascenso al trono pues realizó muchos cambios de nombre.


Cómodo fue el primer emperador que sucedía en el trono a su padre desde el reinado de Tito, el destructor de Jerusalén proclamado Mesías ("escudo") por los fariseos como Flavio Josefo. El joven hijo de Marco Aurelio fue también el primer emperador «nacido para la púrpura» (gr.: 'porfirogéneta': símbolo de realeza romana), ya que era el primero que, en el momento de nacer, ya era considerado un heredero oficial al trono (su padre por entonces ya había ascendido al trono).

A su muerte, el Imperio se sumió en guerras civiles conocidas como el Año de los cinco emperadores. Al término de este conflicto asumió el trono Septimio Severo y la dinastía de los Severos de origen oriental y también mitraísta, cuando Septimio (193-211) vence a Pescenio Níger (negro) en Oriente (194-195) y a Clodio Albino (blanco), en Lyon (197). El año siguiente, su hijo Caracalla, también iniciado en la fraternidad mitraica, es nombrado Augusto, y proclamado emperador por el ejército en 211, hasta su asesinato en 217 durante la guerra contra los partos, a su regreso de Harrán (Siria).

Monedas de Comodo

Y es que, a la fuerza, muchas cosas cambian en Roma. La carencia de población, por las guerras, la miseria, el hambre, epidemias y demás males ya endémicos de la sociedad latifundista romana, deja el ejército falto de manos aptas. Los oficiales se nutren, no de los equites experimentados, los caballeros, sino del orden senatorial que compra su honra a base de dinero, la aristocracia; y son fanfarria inútil y peligrosa ante ejércitos bien dispuestos y organizados, como los sármatas y germanos o los persas.

La sangría de hombres, y el coste para mantener un ejército de medio millón (en el s.IV) de hombres improductivos y bien pagados, impone el desplazamiento de la nobleza terraniente del control militar y, más tarde, la separación del funcionariado civil del militar.

Septimio Severo permite a los soldados casarse con la tolerada focaria o cocinera, legalizando un hecho, y suceder los hijos a los padres en el servicio militar y el disfrute de los castros cedidos a los licenciados. También coloca caballeros a la cabeza de las legiones que crea. Se manumite a los esclavos alistados, se aumenta la paga, se alista a bárbaros individualmente y al final en grupos que se instalan en la frontera, a cambio de servir en la legión a un general o comandante, comes o dux, que acabarán siendo también extranjeros. Y todos, en la gran Roma, con sus propias costumbres y religiones, siempre que, sobre todo, esté la fidelidad al emperador, dios supremo reencarnado, Sol Invicto de la Madre Vesta, Sumo Pontifex y Pater Populi o 'papa' del pueblo romano.

En el 212, Caracalla -bajo cuyas enormes y públicas termas romanas construyó un mithraeum (imagen)- extiende la ciudadanía romana “a todos los hombres libres que vivían en el Imperio, excepto los dedicticios; el ejército no ha de preocuparse en adelante por las categorías jurídicas: no rechaza más que a los esclavos”.

“Constantino separa las funciones civiles de las militares. De esta forma, la concesión de los grados y el ascenso por méritos, que son la principal conquista social del siglo III, son mantenidos en el IV”.

Si antes era preciso partir de senador para alcanzar los altos cargos políticos y militares, desde ahora en adelante cualquier soldado, por méritos propios, podrá alcanzar cualquier grado, incluso el de caballero o senador, siempre que pase su vida en el ejército: “La desaparición de toda distinción jurídica hace posible el ascenso incluso a los bárbaros”.

Tanto la estrategia del enemigo sármata o germano, como la integración de tribus y clanes antes hostiles, sea por fuerza de pactos y rehenes como por enfeudación, tierras por servicio, obligan a una modificación del ejército. Las legiones se reducen en número, pasando a menos de mil hombres, y se multiplican y diversifican en armamento, instrucción y funciones. “El armamento se modifica a la moda bárbara” (como habían hecho ya los chinos y hará otra vez Belisario).”La infantería abandona las armas nacionales, el pilum, el gladium, el gran escudo, la coraza metálica, para adoptar la lanza, la espada (spata, ensis), el puñal, el arco algunas veces, el escudo redondo y la coraza de cuero. A imitación de los persas (que habían copiado a los sakas o sármatas del Turkestán) algunos cuerpos de caballería son armados con arcos muy potentes e incluso, en los de “catafractarios”, hombres y caballos se protegían con bardas de hierro o cotas de malla” (como los antiguos hurri o mitanni).

El asesinato de Caracalla, inspirado por la madre de su sucesor, el muy delirante Heliogábalo, iniciado en el culto meteorítico de Cibeles y casado con la sacerdotisa de la Dea Celestis caída del cielo de Emesa (Siria), supondrá un período que recuerda el de Calígula, cuando la corrupción y la ambición se unen con el poder absoluto amparado en el fanatismo religioso y generan el horror universal. Acabaron madre e hijo ahogados en las letrinas de palacio, siendo una parodia de lo que habría de sucederle a la propia Roma.

Ejércitos y nobleza senatorial disputarán en el interior y los bárbaros en el exterior, sin interrupción ni tregua, por el reparto de un pastel cada vez más pequeño.

Constantino I, otro mitraísta, imitará a Caracalla al proclamar la libertad de todos los cultos, intentando integrar a los distintos “cristianos” -de jreistos: "ungido", ritual obligatorio en la iniciación a todas las sectas y religiones y a la misma ciudadanía romana-, que van desde los hermanos de Mitra a los seguidores del papa Dámaso, los del africano Donato, arrianos, monofisitas, nestorianos, ofitas y basilidianos alejandrinos, gnósticos, maniqueos, mazdeístas y –no lo olvidemos- hebreos: desde esenios (“piadosos, santos”) a fariseos (“separados, distinguidos”); saduceos (de Sadoq, Sumo Sacerdote de David); totalmente helenizados (los Tobías), y latinizados (Herodes); aparte de zelotas (“ardientes”), y sicarios (de sica: puñal).

El Edicto de Constantino -"el cristiano" según Roma la embustera aunque arriano y mitraista en realidad- por la libertad de cultos, o Edicto de Milán, en su traducción original:

"Habiendo advertido hace ya mucho tiempo que no debe ser cohibida la libertad de religión, sino que debe permitir al arbitrio y libertad de cada uno que se ejercite en las cosas divinas de acuerdo al parecer de su alma, hemos sancionado que, tanto todos los demás como los cristianos, conserven la fe y observancia de su secta y religión... que a los cristianos y a todos los demás se les conceda libre facultad de seguir la religión que a bien tengan, a fin de que cualquiera que sea el numen divino y celestial pueda ser propicio a nosotros y a todos los que viven bajo nuestro imperio. Así pues, hemos promulgado con saludable y rectísimo criterio esta nuestra voluntad, para que a nadie se niegue en absoluto la licencia de seguir o elegir la observancia y religión cristiana. Antes bien, que sea lícito a cada uno dedicar su alma a aquella religión que considere convenir".

Hay quien pretende, aún hoy, confundir la libertad de culto de Constantino con la persistente hegemonía de una manipulación y falsedad obvias y patentes, desde sus privilegios inmorales y sus fundamentos criminales, con los que justifican la ignorancia y el dominio de sus ideologías espúreas y supersticiosas sobre la educación y las leyes de las naciones y sus pueblos y sostienen la arquitectura de reinos y sistemas ilegítimos, como ya lo hicieron con el propio imperio romano en descomposición.

Entre el mitraista, arriano -seguidor de las doctrinas de Arrio- y honesto Constantino el Grande, iniciado en la Gallia en los rituales iniciáticos de Esus-Kernunos-Smetrius, de muerte y renacimiento anual, y el miserable Teodosio "el Grande" genocida hay una enorme distancia moral: uno fue un noble e inteligente militar y político, y el otro un verdugo avaro, inmoral y codicioso.

La persecución de Diocleciano ha quedado justificada no por cuestiones religiosas sino por la sociedad paralela que, especialmente judíos y cristianos, habían organizado al margen del estado, desde bancos a comercios, cementerios, templos y tabernas, y que llegó a suponer una grave crisis monetaria a nivel imperial. Máxime cuando sólo las importaciones de opio (Papaver somniferum) para mezclarlo con vino -como el cáñamo-, para tomar como láudano en jarabe, ser fumado o mezclado en comidas e inciensos que transformaban los rituales en delirios báquicos, suponían el mayor gasto –y déficit exterior- de las arcas romanas.

El año 380, uno tras acceder al trono de Constantinopla (Bizancio), el segoviano de Cauca (Coca) Teodosio (imagen), “publicó un edicto según el cual sólo los ortodoxos tenían derecho al título de “cristianos católicos”, desposeyendo a los obispos arrianos de sus iglesias”.

Con el fin de trasladar los beneficios de las religiones paganas al negocio imperial-católico, ya desde el 356 se ordenaba “bajo pena de muerte, no celebrar sacrificios, ni adorar los ídolos, ni entrar en los templos paganos”. Sólo la iglesia romana y sus sacerdotes-flámines (los mismos perros con distintos collares) podían ejercer la religión y asumir el monopolio del gran negocio.

El 8 de noviembre de 392 Teodosio fuerza la aplicación rigurosa de la ley: “A su muerte no quedaban de hecho en el Imperio otros arrianos que los bárbaros”. Y los bárbaros, además de arrianos, maniqueos o mitraistas, eran el ejército.

Ya en 385 era ejecutado en Roma el obispo de Lusitania Prisciliano, considerado hereje por el concilio de Burdeos, con algunos discípulos. Se le acusa de maniqueo (Manes nació en 216 y fue crucificado en 273 ó 277), lo cual suponía todos los rigores desde Diocleciano y “desde Constantino ser clasificado entre los más detestables de los herejes cristianos”, por ser la religión del enemigo persa.

Si Prisciliano era maniqueo, sorprende leer en su Tratado I: “Sea anatema quien no condena a Manes, sus obras, doctrinas e instituciones. Persiguiendo con la espada, si no fuera posible, especialmente sus torpezas, los enviaríamos a los infiernos, y si alguno es aún peor, al abismo y al tormento eternos “donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga” (Mat. 9,44). Para que su impureza no quedara oculta al juicio divino, se han sacado sus males también a los juicios del siglo. También quienes con sentido errado afirman que el Sol y la Luna son los rectores del universo y los consideran dioses”. Si Roma no le creyó es porque sabía que la fe era cosa de sacar más y mejor partido de la “fe” que se dicta “ex cathedra” desde el poder papal.

Cuando, el año 394, Teodosio venza al usurpador Eugenio, cuyas tropas mandaba el franco Arbogasto, sus cuerpos de ejército estarán al mando de Estilicón, un vándalo, el alano Gainas, el godo Alarico y el alano caucasiano Bacurius, tal vez un isaurio. Antes de su muerte, ubica hordas visigóticas al sur del Danubio, la frontera sármata. Es el caballo de Troya que los hunos y sármatas le han adobado.

Así narrará San Jerónimo la situación de esos años: “He aquí que hace más de veinte años que entre Constantinopla y los Alpes julianos la sangre romana corre cada día. La Escitia, la Tracia, la Macedonia, la Dardania, la Dacia (Serbia), la Tesalia, la Acaya, el Epiro, la Dalmacia, una y otra Panonias, son presa del godo, del sármata, del alano, de los hunos, de los vándalos, de los marcomanos (“hombres de Marte”: Marcus, o “soldados de Mani”), que las saquean, las desgarran, las asolan”.

Teodosio I, el primer genocida nazicatólico
El 8 de noviembre del año 392 se impuso a sangre y fuego el cristianismo por decreto imperial. El emperador romano de Bizancio Teodosio I "el Grande", a la edad de 45 años -y tres años antes de morir, prohibió totalmente el paganismo -considerando pagano todo lo que no era decreto del imperio- e impuso el cristianismo a la fuerza, por conversión o muerte, con el expolio y robo de todos los templos y propiedades de los otros miembros de cualquier religión, todas libres y permitidas por Constantino el Grande, mitraista y arriano (como los godos, burgundios y todos los pueblos alanos y sármatas de Europa), en su decreto de libertad de cultos "para que todos los númenes del cielo sean propicios". (Edicto de Milán).Teodosio (Cauca o Itálica, 11 de enero de 347-Milán, 17 de enero de 395) nació en Hispania, en Cauca, (actual Coca, Segovia) aunque hay dudas con Itálica, cerca de Sevilla. Dominus Noster ( 'Nuestro amo-señor') Flavius ​​Theodosius Augustus, a su muerte, Divus (divino, que para un 'cristiano católico' es muy coherente), Theodosius, fue emperador de los los romanos desde 379 hasta su muerte. Promovido a la dignidad imperial tras el Desastre de Adrianópolis, primero compartió el poder con Graciano y Valentiniano II, hasta que los eliminó. En 392 Teodosio reunió las porciones oriental y occidental del Imperio, siendo el último emperador intentar gobernar todos los "romanos" desde Bizancio. Después de su muerte, las dos partes del Imperio se rompieron definitivamente.El llamado Edicto de Constantinopla prohibía toda práctica no cristiana, incluida la de carácter privado, dando todo el poder y dominio al emperador / papa (Pater Patriae) Teodosio y sus tiránicos sucesores, en un imperio teocrático en que el emperador era a la vez sumo sacerdote y numen o ente -ver Quintiliano- divino.El año 380, Teodosio publicó en Tesalónica un edicto que imponía a sus súbditos la ortodoxia 'católica' universal- por decreto y mando, sin razonamiento, consulta ni excusa, por la fuerza de las armas y por "derecho divino". Dos años después, Graciano el Joven, emperador de Occidente, desmantelaba el Altar de la Victoria, en el Senado, por estar dedicado a una divinidad pagana, y comenzaba la persecución y masacre de todo lo que no se hubiera sometido al nuevo mandato imperial. Una rapiña y saqueo ilimitada y general en todo el imperio.El año 386, Maternus Cinegio, prefecto del pretorio de Oriente desde el año 384, viajó a Grecia y Egipto, y allí, por orden de Teodosio, clausuró templos y prohibió los sacrificios con fines adivinatorios, asesinando y saqueando a discreción. La prohibición a los cultos tradicionales se consumó definitivamente con el edicto de Constantinopla de Teodosio.Teodosio I el Grande fue el último tirano que gobernó la vez la mitad occidental y la oriental del Imperio Romano, en las que impuso el cristianismo. Poco después Alarico saqueó Roma por primera vez, durante tres días, el tiempo fijado para evitar enfermedades y epidemias por corrupción de los cadáveres.


El saqueo del imperio católico-romano, el Sacro Imperio romano-germánico, continúa con su bula y rapiña de lo que no es ni ha sido nunca suyo. En España ha sido y es denunciado repetidamente ante los tribunales en Nafarroa, Euzkadi , Galicia... y hasta por el expolio y latrocinio de la Mezquita de Córdoba.
 
El Edicto de Constantino - "el cristiano" según Roma la embustera- por la libertad de cultos, o Edicto de Milán, en su traducción original:"Habiendo advertido hace ya mucho tiempo que no debe ser cohibida la libertad de religión, sino que debe permitir al arbitrio y libertad de que cada uno se ejercite en las cosas divinas de acuerdo al parecer de su alma, hemos sancionado que, tanto todos los demás como los cristianos, conserven la fe y observancia de su secta y religión.. que los cristianos y a todos los demás se conceda libre facultad de seguir la religión que a bien tengan, a fin de que cualquiera que sea el numen divino y celestial pueda ser propicio a nosotros y a todos los que viven bajo nuestro imperio. Así pues, hemos promulgado con saludable y rectísimo criterio esta nuestra voluntad, porque a nadie se niegue en absoluto la licencia de seguir o elegir la observancia y religión cristiana. Antes bien, que sea lícito a cada uno dedicar su alma a aquella religión que considere convenir".


Entre el mitraista y arriano Constantino el Grande, iniciado en la Galia en los rituales iniciáticos de Esus-Kernunos-Smetrius, de muerte y renacimiento anual, y el miserable Teodosio "el Grande" genocida hay una enorme distancia moral: uno fue un noble e inteligente militar y político, y el otro un verdugo avaro, inmoral y codicioso.


Pues, tras la promulgación del saqueo de los templos paganos, se esconde que aquellos eran los bancos de la época, desde mediados del primer milenio ane. En los templos de Éfeso, precisamente, o Mileto, Pesinus y tantos otros supuestamente milagrosos o con un sacerdocio de Apolo que fueron los precursores de la medicina empírica y científica, se enriquecieron con tesoros fabulosos que prestaban a las oligarquías en una simbiosis de intereses compartidos que supuso el nacimiento del capitalismo aún vigente.

De "Los Lobos del Cielo"
Carles Acózar

Los templos griegos lograron un gran poder financiero en la antigüedad al impulsar el uso del oro en grano como "moneda" alternativa a las cabezas de ganado. Actuaron como bancos centrales creando moneda y poniéndola en circulación mediante el crédito.

El origen histórico de la acuñación de moneda es todavía una cuestión debatida y con toda seguridad avanzará al compás de los nuevos hallazgos arqueológicos que esperan ser descubiertos bajo tierra. Si confiamos en algunas fuentes como el Shu Ching, la moneda se introdujo en China en el 1776 a.C. 
En Occidente, los especialistas se inclinan por el 700 a.C en la antigua Lydia, en la costa oeste de la actual Turquía, para fijar el inicio de la acuñación de moneda como práctica institucional sistemática. Las polis griegas de Éfeso y Mileto habrían sido las pioneras de esta invención y su protagonismo pasó míticamente a la historia por la leyenda del Rey Midas, que probablemente se originó en esta región.
Antes de esta acuñación de moneda en la antigua Grecia se utilizaron pepitas de oro como medio de
intercambio y mucho antes, cabezas de ganado y el conocido como dinero-herramienta (1).  Las cabezas de ganado fueron el medio de pago y la medida de valor más ampliamente utilizada en el pasado remoto. De hecho este patrón alcanzó bastante estabilidad, pues según ciertas fuentes una mujer esclava era intercambiable por tres o cuatro vacas en zonas tan dispares y alejadas como la antigua Irlanda o la Grecia homérica (2). Por otro lado, el uso del dinero-herramienta (hachas, cuchillos o garfios) se remonta milenios atrás. Empezó como herramientas reales utilizadas según su función natural, pero el desgaste del paso del tiempo y las mejoras técnicas dejaron inservibles los modelos más primitivos, que recibieron una nueva utilidad como símbolos de status y medios de cambio.
En la evolución de estos primitivos medios de intercambio hacia la moneda metálica acuñada hubo una etapa intermedia, que comenzaría entre el 1500 y el 1000 a.C, caracterizada por la preeminencia del oro en grano como medio de cambio principal. Según algunos historiadores (3), los templos griegos fueron los responsables de este cambio “monetario”, por el que despertaron como poder financiero, desplazando el sistema monetario anterior con la creación de una moneda nueva y ejerciendo la función del crédito desde una posición financiera central. La aceptación social del oro en grano como moneda otorgó a los templos el poder de crear la moneda, fijar las tasas de cambio con los sistemas de intercambio anteriores (4) y ponerla en circulación a través de los préstamos. Al poder religioso y comercial que ya ostentaba la casta sacerdotal se añadía ahora el control financiero de la economía. ¿Cómo lo lograron? 
En un principio, es probable que los templos acumularan grandes cantidades de oro no tanto por motivos económicos, sino por razones místico-religiosas. Aunque el culto al oro en la antigüedad y en las sociedades ágrafas ha sido abordado desde diversos enfoques, Mircea Eliade (5) lo deriva de la creencia en su origen sagrado-celestial. Algunas culturas consideraron el oro, la plata y otros metales o piedras preciosas restos de la bóveda celeste caídos sobre la tierra, lo que les procuraba unas cualidades mágicas y sagradas codiciadas por los creyentes. Probablemente por esta razón el oro fuese aceptado en los templos griegos como ofrenda junto con animales y productos agrarios. Como señala Boeckh en The public economy of Athenians, en Grecia había grandes cantidades de metales preciosos acumuladas en los templos y mantenidas fuera de circulación, y sabemos que esta acumulación se mantuvo durante siglos, pues mucho más tarde (330 a.C) Alejandro Magno expropiaría ingentes cantidades de oro y plata a los templos orientales de Susa, Ecbatana y Persépolis (6). Todo este oro, atesorado en un principio por razones religiosas, se utilizaría posteriormente para multiplicar el poder financiero de la clase sacerdotal helénica.

La sobreabundancia de oro en los templos fue una de las principales razones para convertirlo en moneda, aliviando así los costes derivados de mantener un metal cuya moderada demanda quedaba muy lejos de poder vaciar los sótanos de los templos. La principal dificultad radicaba en que una sociedad acostumbrada durante siglos a comerciar con vacas y dinero-herramienta aceptase el oro en grano como nuevo sistema de intercambio. Un cambio de tal calibre, extravagante sin duda para los griegos de la época, logró abrirse camino gracias al poder religioso, político y comercial de la clase sacerdotal. La maniobra financiera de los religiosos helenos fue posible gracias a la naturaleza y el volumen de las actividades comerciales de los templos (7), de donde derivaba su influencia sobre un porcentaje significativo de la demanda, así como sus vínculos con la élite político-económica.
El Kykeon, la bebida ingerida por los iniciados en Eleusis.
Los templos no eran meros lugares de culto, ni siquiera lugares de culto como lo son los de las religiones mayoritarias actuales. Sus servicios eran muy demandados entre los ciudadanos, lo que redundaba en un considerable poder comercial y económico. Por ejemplo, los templos de Asclepio fueron la principal institución terapéutica de la Grecia arcaica y eran atendidos por médicos sacerdotes experimentados en prácticas quirúrgicas. Asimismo, las autoridades religiosas impulsaban la espiritualidad a través de las fiestas sagradas, que nutrían los comercios de la ciudad y del entorno de los templos con el consumo de miles de peregrinos. Conocidos son los ritos orgiásticos del dios Dioniso que en Atenas se celebraban anualmente durante varias semanas de fiestas públicas. Más controvertidos son los servicios sexuales que, según los testimonios de Heródoto, Estrabón y algunos estudios actuales (8), prestaban las prostitutas templarias.
Los servicios adivinatorios gozaban de gran demanda entre ciudadanos de muy variada condición, que confiaban plenamente en los poderes mágicos de los oráculos. El santuario de Eleusis, a pocos kilómetros de Atenas, e inaugurado en el 1400 a.C según algunos historiadores, contó con adeptos de notable influencia intelectual y política, como Platón, Aristóteles, Esquilo, Sófocles, Cicerón o Marco Aurelio entre otros. Se piensa que en el siglo IV a.C  cada año millares de interesados aspiraban a la iniciación en los misterios eleusinos, que se servían de las propiedades alucinógenas del cornezuelo de ergot, materia prima del LSD, para iniciar a los elegidos en la contemplación mística de la vida según Kerenyi. (9)
Los vínculos con la clase política y los simpatizantes de las clases acomodadas sin duda constituyeron una gran ayuda para la maniobra financiera de los sacerdotes. Pero el auténtico poder procedía de las peregrinaciones masivas o las constantes visitas que o bien consumían directamente los servicios del templo o bien los de los comercios del entorno de la casa de los dioses, comercios que se encontraban bajo la influencia económica de la clase sacerdotal local. Aprovechando esta considerable demanda, los templos impulsaron el uso del oro como sistema de intercambio en la antigua economía griega  aceptándolo para el pago tanto los servicios templarios como de los bienes y servicios de los comercios de la zona del templo.

Con esta medida se aseguraban la existencia de una demanda constante de oro, pudiendo optimizar sus reservas mediante el crédito. Con el tiempo, el oro se extendería a otros sectores de la economía y llegaría a suplantar al ganado como medio de cambio, consolidándose así el poder financiero de los templos e iniciándose el camino histórico hacia el posterior uso generalizado de las monedas metálicas acuñadas.
Luis B. 
Notas
(1) Heichelheim, F. An ancient economic history. Leiden. 1938
(2) Nolan, P. A monetary history of Ireland. Vol I. King & Son. London.1926.
(3) Zarlenga, S. The lost science of money. American Monetary Institute. New York. 2002.
(4) Para monetizar el oro fue preciso darle un valor equivalente a la unidad de cambio en uso: las vacas. En los tiempos de Homero se sabe que la equivalencia era de una vaca por un “talanton” 130 granos de oro, equivalentes a unos 8 gramos.
(5) Eliade, M. Herreros y alquimistas. Alianza.2004.
                      Lo sagrado y lo profano. Paidos.1998.
(6) Patterson, C. Silver stocks and losses in ancient and medieval times. Economic History Review. Vol 25. May 1972.
(7) Ridgeway, W. The origin of metallic weights and standards. Cambridge University Press. 1892.
(8) Kurke, L. Coins, bodies, games and gold. Princeton University Press. 1999.
      Heródoto (I 196-199)
      Estrabón (16.1.20/ 745)

(9) Kèrenyi, C. Archetypal image of mother and daugther. New York. Pantheon.1967
http://agenciatigris.blogspot.com/2013/08/fueron-bancos-los-templos-griegos.html

El mito del inexistente Jesús de la sectas mafiosas cristianas se funda sobre la existencia censurada y silenciada de quien hizo temblar la República romana y provocó el nacimiento del imperio por la acaparación de poder y fortuna de las familias de oligarcas y latifundistas, como Sexto Pompeyo y Cayo Julio César:
Mithradates VI Eupator: el Salvador de Asia (120-63 ane.)
Μιθραδατου, Βασιλεωσ, Ευπατοροσ. Moneda de Mithradates VI Eupator, rey del Ponto y el Bósforo (ca.120 a 60 ane.)

Sobre Mithradates VI Eupator, rey del Ponto, Crimea y el Bósforo -todo el entorno del Mar Negro-, conocemos, por el romano Justino (37,2), una curiosa y antigua tradición, relacionada con los ritos secretos de los osetios de Osetia, Adiguea, Txetxenia, Ingushetia o Daguestán, y con el mito del Saoshyant o Mesías: “Su grandeza había sido anunciada por presagios celestes. El año que nació, o cuando comenzó a reinar, un cometa brilló durante setenta días”.

El mito de la edad de Yashuam, llamado Iesus, Emmanuel o el Jreistos

Desde el año 325 dne (Nicea) es dogma de la secta católico-romana que 33 fueron los años que vivió el Cristo ("Ungido") de sus manipulados y falsos evangelios. Pero los datos históricos demuestran que ésta fue la edad de Alejandro el Magno y, según Josefo, el único historiador de la época y además fariseo, los del asmoneo y davida Juan Hircano, liberador del yugo seléucida sobre Israel.

Yashua (Jesús) o Jasón: tres años de Sumo Sacerdote

A principios del s. II ane. y bajo el reinado del seleúcida Antíoco IV Epífanes ( (175 a 163 ane.), el sumo sacerdote de Jerusalén, de nombre Jasón: “Se llamaba en realidad Jesús, pues los judíos partidarios de la helenización tenían nombres griegos. Un tal Onías (hermano de Jesús), se llamó Menelao (como el hermano de Ptolomeo Soter, Salvador, de Egipto). Uno de sus sucesores, Eliakin, prefirió adoptar el nombre de Alcimo”.

Mitra y mithraismo en Roma

El enrolamiento, hacia el año 60 ane., de los piratas tracofrigios o cilicios por Pompeyo y su llegada a Ostia, puerto de Roma, supuso la introducción del culto astronómico y simbólico a la Diosa Madre caída del cielo, la antigua irania Anahita o "Inmaculada", la Deméter o Cibeles traco-frigia y su hijo, nacido de la chispa del pedernal, y reconocido en su nombre solar secreto de Meithras -μείθρας- (Meithras: 40+5+10+9+100+1+200 = 365) (Ver Plutarco).

Meithras en las Hispanias

La presencia del mithraismo en las Hispanias está fírmemente comprobada por el hallazgo de bajorelieves de la taurobolia, de Cautes y Cautópates o del Niño Sol nacido de una piedra matriz de sílex o petra generix y numerosos mithraea y spelunca secretos y ocultos. También se han hallado Zarvan androcéfalos y leontocéfalos envueltos en la serpiente anfisbénica Abraxas o Abrasax (365), Iaó como demiurgo o dios creador en su forma de Hades, Iaó Ialdabaoz, Seúese o Caúlacaú, es decir, el Sol Invicto en su faz más secreta y temible, nocturna en el día, invernal en el año, luna nueva en el mes, sábado en la semana.

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