Desde el mitraismo de Cómodo, Caracalla y Constantino, al catolicismo imperial de Theodosio de Cauca

Desde el mitraismo de Cómodo, Caracalla y Constantino, al catolicismo imperial de Theodosio de Cauca, la puntilla del imperio

Tras la muerte de Marco Aurelio (161-180 dne.) en la campaña de Viena, contra marcomanos, cuados y otras tribus sármatas, le seguirá su hijo, el emperador Cómodo (abajo escultura de Cómodo (180-192 dne.) representado como Hércules, parte del ritual secreto mitraico), gladiador de afición y hermano de Mitra o iniciado en los misterios de Eléusis, asesinado por su delirio ni estoico ni fraternal.

Lucio Aurelio Cómodo Antonino (31 de agosto de 161-31 de diciembre de 192), comúnmente conocido como Cómodo, fue emperador del Imperio romano entre los años 177 y 192. Hijo de Marco Aurelio y Faustina la Menor, nació en Lanuvium y fue el último miembro de la dinastía Antonina. El nombre es el oficial que recibió a su ascenso al trono pues realizó muchos cambios de nombre.


Cómodo fue el primer emperador que sucedía en el trono a su padre desde el reinado de Tito, el destructor de Jerusalén proclamado Mesías ("escudo") por los fariseos como Flavio Josefo. El joven hijo de Marco Aurelio fue también el primer emperador «nacido para la púrpura» (gr.: 'porfirogéneta': símbolo de realeza romana), ya que era el primero que, en el momento de nacer, ya era considerado un heredero oficial al trono (su padre por entonces ya había ascendido al trono).

A su muerte, el Imperio se sumió en guerras civiles conocidas como el Año de los cinco emperadores. Al término de este conflicto asumió el trono Septimio Severo y la dinastía de los Severos de origen oriental y también mitraísta, cuando Septimio (193-211) vence a Pescenio Níger (negro) en Oriente (194-195) y a Clodio Albino (blanco), en Lyon (197). El año siguiente, su hijo Caracalla, también iniciado en la fraternidad mitraica, es nombrado Augusto, y proclamado emperador por el ejército en 211, hasta su asesinato en 217 durante la guerra contra los partos, a su regreso de Harrán (Siria).

Monedas de Comodo

Y es que, a la fuerza, muchas cosas cambian en Roma. La carencia de población, por las guerras, la miseria, el hambre, epidemias y demás males ya endémicos de la sociedad latifundista romana, deja el ejército falto de manos aptas. Los oficiales se nutren, no de los equites experimentados, los caballeros, sino del orden senatorial que compra su honra a base de dinero, la aristocracia; y son fanfarria inútil y peligrosa ante ejércitos bien dispuestos y organizados, como los sármatas y germanos o los persas.

La sangría de hombres, y el coste para mantener un ejército de medio millón (en el s.IV) de hombres improductivos y bien pagados, impone el desplazamiento de la nobleza terraniente del control militar y, más tarde, la separación del funcionariado civil del militar.

Septimio Severo permite a los soldados casarse con la tolerada focaria o cocinera, legalizando un hecho, y suceder los hijos a los padres en el servicio militar y el disfrute de los castros cedidos a los licenciados. También coloca caballeros a la cabeza de las legiones que crea. Se manumite a los esclavos alistados, se aumenta la paga, se alista a bárbaros individualmente y al final en grupos que se instalan en la frontera, a cambio de servir en la legión a un general o comandante, comes o dux, que acabarán siendo también extranjeros. Y todos, en la gran Roma, con sus propias costumbres y religiones, siempre que, sobre todo, esté la fidelidad al emperador, dios supremo reencarnado, Sol Invicto de la Madre Vesta, Sumo Pontifex y Pater Populi o 'papa' del pueblo romano.

En el 212, Caracalla -bajo cuyas enormes y públicas termas romanas construyó un mithraeum (imagen)- extiende la ciudadanía romana “a todos los hombres libres que vivían en el Imperio, excepto los dedicticios; el ejército no ha de preocuparse en adelante por las categorías jurídicas: no rechaza más que a los esclavos”.

“Constantino separa las funciones civiles de las militares. De esta forma, la concesión de los grados y el ascenso por méritos, que son la principal conquista social del siglo III, son mantenidos en el IV”.

Si antes era preciso partir de senador para alcanzar los altos cargos políticos y militares, desde ahora en adelante cualquier soldado, por méritos propios, podrá alcanzar cualquier grado, incluso el de caballero o senador, siempre que pase su vida en el ejército: “La desaparición de toda distinción jurídica hace posible el ascenso incluso a los bárbaros”.

Tanto la estrategia del enemigo sármata o germano, como la integración de tribus y clanes antes hostiles, sea por fuerza de pactos y rehenes como por enfeudación, tierras por servicio, obligan a una modificación del ejército. Las legiones se reducen en número, pasando a menos de mil hombres, y se multiplican y diversifican en armamento, instrucción y funciones. “El armamento se modifica a la moda bárbara” (como habían hecho ya los chinos y hará otra vez Belisario).”La infantería abandona las armas nacionales, el pilum, el gladium, el gran escudo, la coraza metálica, para adoptar la lanza, la espada (spata, ensis), el puñal, el arco algunas veces, el escudo redondo y la coraza de cuero. A imitación de los persas (que habían copiado a los sakas o sármatas del Turkestán) algunos cuerpos de caballería son armados con arcos muy potentes e incluso, en los de “catafractarios”, hombres y caballos se protegían con bardas de hierro o cotas de malla” (como los antiguos hurri o mitanni).

El asesinato de Caracalla, inspirado por la madre de su sucesor, el muy delirante Heliogábalo, iniciado en el culto meteorítico de Cibeles y casado con la sacerdotisa de la Dea Celestis caída del cielo de Emesa (Siria), supondrá un período que recuerda el de Calígula, cuando la corrupción y la ambición se unen con el poder absoluto amparado en el fanatismo religioso y generan el horror universal. Acabaron madre e hijo ahogados en las letrinas de palacio, siendo una parodia de lo que habría de sucederle a la propia Roma.

Ejércitos y nobleza senatorial disputarán en el interior y los bárbaros en el exterior, sin interrupción ni tregua, por el reparto de un pastel cada vez más pequeño.

Constantino, otro mitraísta, imitará a Caracalla al proclamar la libertad de todos los cultos, intentando integrar a los distintos “cristianos” -de jreistos: "ungido", ritual obligatorio en la iniciación a todas las sectas y religiones y a la misma ciudadanía romana-, que van desde los hermanos de Mitra a los seguidores del papa Dámaso, los del africano Donato, arrianos, monofisitas, nestorianos, ofitas y basilidianos alejandrinos, gnósticos, maniqueos, mazdeístas y –no lo olvidemos- hebreos: desde esenios (“piadosos, santos”) a fariseos (“separados, distinguidos”); saduceos (de Sadoq, Sumo Sacerdote de David); totalmente helenizados (los Tobías), y latinizados (Herodes); aparte de zelotas (“ardientes”), y sicarios (de sica: puñal).

El Edicto de Constantino -"el cristiano" según Roma la embustera aunque arriano y mitraista en realidad- por la libertad de cultos, o Edicto de Milán, en su traducción original:

"Habiendo advertido hace ya mucho tiempo que no debe ser cohibida la libertad de religión, sino que debe permitir al arbitrio y libertad de cada uno que se ejercite en las cosas divinas de acuerdo al parecer de su alma, hemos sancionado que, tanto todos los demás como los cristianos, conserven la fe y observancia de su secta y religión... que a los cristianos y a todos los demás se les conceda libre facultad de seguir la religión que a bien tengan, a fin de que cualquiera que sea el numen divino y celestial pueda ser propicio a nosotros y a todos los que viven bajo nuestro imperio. Así pues, hemos promulgado con saludable y rectísimo criterio esta nuestra voluntad, para que a nadie se niegue en absoluto la licencia de seguir o elegir la observancia y religión cristiana. Antes bien, que sea lícito a cada uno dedicar su alma a aquella religión que considere convenir".

Hay quien pretende, aún hoy, confundir la libertad de culto de Constantino con la persistente hegemonía de una manipulación y falsedad obvias y patentes, desde sus privilegios inmorales y sus fundamentos criminales, con los que justifican la ignorancia y el dominio de sus ideologías espúreas y supersticiosas sobre la educación y las leyes de las naciones y sus pueblos y sostienen la arquitectura de reinos y sistemas ilegítimos, como ya lo hicieron con el propio imperio romano en descomposición.

Entre el mitraista, arriano -seguidor de las doctrinas de Arrio- y honesto Constantino el Grande, iniciado en la Gallia en los rituales iniciáticos de Esus-Kernunos-Smetrius, de muerte y renacimiento anual, y el miserable Teodosio "el Grande" genocida hay una enorme distancia moral: uno fue un noble e inteligente militar y político, y el otro un verdugo avaro, inmoral y codicioso.

La persecución de Diocleciano ha quedado justificada no por cuestiones religiosas sino por la sociedad paralela que, especialmente judíos y cristianos, habían organizado al margen del estado, desde bancos a comercios, cementerios, templos y tabernas, y que llegó a suponer una grave crisis monetaria a nivel imperial. Máxime cuando sólo las importaciones de opio (Papaver somniferum) para mezclarlo con vino -como el cáñamo-, para tomar como láudano en jarabe, ser fumado o mezclado en comidas e inciensos que transformaban los rituales en delirios báquicos, suponían el mayor gasto –y déficit exterior- de las arcas romanas.

El año 380, uno tras acceder al trono de Constantinopla (Bizancio), el segoviano de Cauca (Coca) Teodosio (imagen), “publicó un edicto según el cual sólo los ortodoxos tenían derecho al título de “cristianos católicos”, desposeyendo a los obispos arrianos de sus iglesias”.

Con el fin de trasladar los beneficios de las religiones paganas al negocio imperial-católico, ya desde el 356 se ordenaba “bajo pena de muerte, no celebrar sacrificios, ni adorar los ídolos, ni entrar en los templos paganos”. Sólo la iglesia romana y sus sacerdotes-flámines (los mismos perros con distintos collares) podían ejercer la religión y asumir el monopolio del gran negocio.

El 8 de noviembre de 392 Teodosio fuerza la aplicación rigurosa de la ley: “A su muerte no quedaban de hecho en el Imperio otros arrianos que los bárbaros”. Y los bárbaros, además de arrianos, maniqueos o mitraistas, eran el ejército.

Ya en 385 era ejecutado en Roma el obispo de Lusitania Prisciliano, considerado hereje por el concilio de Burdeos, con algunos discípulos. Se le acusa de maniqueo (Manes nació en 216 y fue crucificado en 273 ó 277), lo cual suponía todos los rigores desde Diocleciano y “desde Constantino ser clasificado entre los más detestables de los herejes cristianos”, por ser la religión del enemigo persa.

Si Prisciliano era maniqueo, sorprende leer en su Tratado I: “Sea anatema quien no condena a Manes, sus obras, doctrinas e instituciones. Persiguiendo con la espada, si no fuera posible, especialmente sus torpezas, los enviaríamos a los infiernos, y si alguno es aún peor, al abismo y al tormento eternos “donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga” (Mat. 9,44). Para que su impureza no quedara oculta al juicio divino, se han sacado sus males también a los juicios del siglo. También quienes con sentido errado afirman que el Sol y la Luna son los rectores del universo y los consideran dioses”. Si Roma no le creyó es porque sabía que la fe era cosa de sacar más y mejor partido de la “fe” que se dicta “ex cathedra” desde el poder papal.

Cuando, el año 394, Teodosio venza al usurpador Eugenio, cuyas tropas mandaba el franco Arbogasto, sus cuerpos de ejército estarán al mando de Estilicón, un vándalo, el alano Gainas, el godo Alarico y el alano caucasiano Bacurius, tal vez un isaurio. Antes de su muerte, ubica hordas visigóticas al sur del Danubio, la frontera sármata. Es el caballo de Troya que los hunos y sármatas le han adobado.

Así narrará San Jerónimo la situación de esos años: “He aquí que hace más de veinte años que entre Constantinopla y los Alpes julianos la sangre romana corre cada día. La Escitia, la Tracia, la Macedonia, la Dardania, la Dacia (Serbia), la Tesalia, la Acaya, el Epiro, la Dalmacia, una y otra Panonias, son presa del godo, del sármata, del alano, de los hunos, de los vándalos, de los marcomanos (“hombres de Marte”: Marcus, o “soldados de Mani”), que las saquean, las desgarran, las asolan”.

De "Los Lobos del Cielo"
Carlos Acózar Gómez

Teodosi I, el primer genocida nazicatòlic
El 8 de novembre de l'any 392 es va imposar a sang i foc el cristianisme per decret imperial. L'emperador romà Teodosi I "el Gran", a l'edat de 45 anys -i tres anys abans de morir-, va prohibir totalment el paganisme -considerant pagà tot el que no era decret de l'imperi- i va imposar el cristianisme a la força, per conversió o mort, amb l'espoli i robatori de tots els temples i propietats dels altres membres de qualsevol religió, totes lliures i permeses per Constantí el Gran, mitraista i arrià (com els gots, burgundis i tots els pobles alans i sàrmates d'Europa), en el seu decret de llibertat de cultes "per a que tots els numens.

Mithradates VI Eupator: el Salvador de Asia (120-63 ane.)
Μιθραδατου, Βασιλεωσ, Ευπατοροσ. Moneda de Mithradates VI Eupator, rey del Ponto y el Bósforo (ca.120 a 60 ane.)

Sobre Mithradates VI Eupator, rey del Ponto, Crimea y el Bósforo -todo el entorno del Mar Negro-, conocemos, por el romano Justino (37,2), una curiosa y antigua tradición, relacionada con los ritos secretos de los osetios de Osetia, Adiguea, Txetxenia, Ingushetia o Daguestán, y con el mito del Saoshyant o Mesías: “Su grandeza había sido anunciada por presagios celestes. El año que nació, o cuando comenzó a reinar, un cometa brilló durante setenta días”.

El mito de la edad de Yashuam, llamado Iesus, Emmanuel o el Jreistos
Desde el año 325 dne (Nicea) es dogma de la iglesia católicoromana que 33 fueron los años que vivió el Cristo ("Ungido"). Pero los datos históricos demuestran que ésta fue la edad de Alejandro el Magno y, según Josefo, el único historiador de la época y además fariseo, los del asmoneo y davida Juan Hircano, liberador del yugo seléucida sobre Israel.

Yashua (Jesús) o Jasón: tres años de Sumo Sacerdote
A principios del s. II ane. y bajo el reinado del seleúcida Antíoco IV Epífanes ( (175 a 163 ane.), el sumo sacerdote de Jerusalén, de nombre Jasón: “Se llamaba en realidad Jesús, pues los judíos partidarios de la helenización tenían nombres griegos. Un tal Onías (hermano de Jesús), se llamó Menelao (como el hermano de Ptolomeo Soter, Salvador, de Egipto). Uno de sus sucesores, Eliakin, prefirió adoptar el nombre de Alcimo”.

Mitra y mithraismo en Roma
El enrolamiento, hacia el año 60 ane., de los piratas tracofrigios o cilicios por Pompeyo y su llegada a Ostia, puerto de Roma, supuso la introducción del culto astronómico y simbólico a la Diosa Madre caída del cielo, la antigua irania Anahita o inmaculada, la Deméter o Cibeles traco-frigia y su hijo, nacido de la chispa del pedernal, y reconocido en su nombre solar secreto de Meithras -μείθρας- (Meithras: 40+5+10+9+100+1+200 = 365) (Ver Plutarco).

Meithras en las Hispanias
La presencia del mithraismo en las Hispanias está fírmemente comprobada por el hallazgo de bajorelieves de la taurobolia, de Cautes y Cautópates o del Niño Sol nacido de una piedra matriz, petra generix y numerosos mithraea y spelunca. También se han hallado androcéfalos y leontocéfalos envueltos en la serpiente Abraxas o Abrasax (365), Iaó como demiurgo o dios creador en su forma de Hades, Iaó Ialdabaoz, Seúese o Caúlacaú, es decir, el Sol Invicto en su faz más secreta y temible, nocturna en el día, invernal en el año, luna nueva en el mes, sábado en la semana.

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