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La puja por el FMI: Bilderberg y OTAN contra el BRIC y los pueblos del mundo

La puja en la partida que los grandes apostadores mantienen por la silla y el control del FMI acaba de recibir un nuevo participante, un órdago por parte de la oligarquía financiera de EEUU y la banca sionista, en la figura del actual director del Banco de Israel, Stanley Fischer, recién nacionalizado israelí desde estadounidense para la tarea, después de ocupar durante décadas cargos de primer nivel en el mismo FMI en sus recientes momentos más nefastos de su gestión, incluido Rodrigo Rato.

Stanley Fischer es -en apariencia- el candidato de Obama y Netanyahu, ante las protestas de los países emergentes, frente a la única candidata con posibilidades hasta la fecha y su alternativa: La ministra de Sarkozy, Christiane Legarde, y el director del banco de México, a sueldo de Carlos Slim y EEUU. En realidad es un candidato aún peor para frenar las protestas del grupo BRIC, Brasil, Rusia, India y China, las economías más fuertes y emergentes en este momento, que vienen reclamando un reparto de influencias en el FMI más acorde con el actual peso de las economías que ellos representan, en las que se incluyen Venezuela, Ecuador, Bolivia y la mayoría de los antiguos "no alineados" durante la "guerra fría".

Precisamente esta situación es un claro reflejo de que la citada guerra jamás se detuvo, y que el afán por el bloque capitalista en implantar definitivamente su hegemonía sobre estados y gobiernos a nivel global sólo se disimula intentando desgajar las partes, los frentes de batalla, como si no tuvieran relación entre ellos. Mientras, por otro lado, sus propios intereses le llevan a vender a la opinión pública la globalización de causas y efectos -como en el caso del clima- como algo indiscutible e ineludible.

Y la apuesta sionista no es un algo a desconsiderar -en la gravedad de sus consecuencias-, no sólo por la desastrosa gestión de los gabinetes en los que ya participó Fischer, que generaron la crisis y no alertaron de ella ni supieron solucionarla, sino por el hecho ya aprobado por los dueños de la banca de colocar al capo de la banca de Berlusconi, exdirectivo de la estafadora banca de Samuel Goldman y su yerno Sachs que se enriqueció timando a su propia clientela y a la cadena de quebrados que aún crece.

Y que, como quien no quiere y sin que nadie recuerde -en ningún medio de los grandes de la comunicación- que Goldman Sachs ya estuvo directamente implicada, con Morgan Chase que es hoy la banca Rockefeller de toda la vida, en el crack de 1929 que nadie parece haber analizado o entendido, entre esos grandes gurús ciegos de la economía, 80 años después.

Todo ello sucede además el mismo día los emiratos árabes y la Arabia Saudí, que cofinancian las contrarrevoluciones fundamentalistas y monárquicas en las repúblicas musulmanas, declaran su adhesión y su voto a Christine Lagarde, la candidata y ministra de los recortes en economía de Nicolas Sarkozy quien, con el barón Cameron, organizó la invasión de Libia, la caída del régimen con el mayor nivel de vida del mundo árabe -y el otro- en base a unos derechos humanos que el FMI se empecina en recortar y limitar hasta la esclavización y depauperación de sus pueblos, globalmente.

Y, mientras en San Moritz, en la bien protegida de protestas de indignados Suiza, los amos del mundo y su capital deciden quien ganará la partida, al margen del BRIC, su OTAN y del mundo. Es la Suiza natal del banquero de Ángela Merkel, el director del Deutsche Bank y dueño de la deuda pública y sus intereses de Grecia, Portugal, España, Irlanda, las repúblicas bálticas recién liberadas del comunismo y relegadas al papel de graneros y trabajadores baratos, las exsoviéticas en general, y Polonia, la mayor contaminadora de CO2 de Europa con el aplauso de todo el mundo ecológico, Josef Ackermann, también repetidamente denunciado como uno de los que organizaron la estafa llamada crisis.

La batalla por el FMI no es un juego de amigos, ni de enemigos. Es el canto de la Sibila para el próximo lustro al menos, cuyas consecuencias alcanzarán mucho más lejos. La diferencia entre el jubilado Fischer, que se presenta con 67 años pese a que el límite es legalmente de 65, y Legarde no es sólo de género ni de apoyos, en que la francesa gana por unas cuantas cabezas de momento, sino en la oposición que crearía la elección de una u otro, o de una cuarta candidatura en discordia, a la que renunció el candidato de Kazakstán, entre los humillados y ofendidos miembros del BRIC y aliados.

Si EEUU mantiene una hegemonía descarada e inmoralmente antidemocrática en su FMI, como hasta la fecha, en base a su aportación económica y su ubicación, como ya se pone en cuestión en el consejo de seguridad de la ONU, la quiebra de los bloques podría ser tanto o más profunda que en la época soviética. Y el equilibrio de fuerzas en ese caso, con las poblaciones de la OTAN y Bilderberg más que indignadas conforme son conscientes de lo sucedido con la publicitada crisis, los culpables reales, sus beneficiarios reales, y la gestión corrupta de sus títeres políticos en el poder, no facilita a la banca ni sus amos la búsqueda de una excusa razonable.

No hay un Jean Jaurés, ahora, sino millones. Ni la excusa del peligro soviético o maoísta, si acaso contra los bazares baratos. Ni contra el islamismo cuando los aliados son wahabitas saudíes que no dejan conducir a las mujeres o salir a la calle solas, o expresar su amor a los jóvenes con un beso bajo penas de cárcel, en una interpretación altomedieval de la Sharia.

La única y evidente excusa es el control del capital y de los pueblos a los que pertenece, aunque permanezca en paraísos fiscales, Islas de Tortuga, donde la reina de Inglaterra, los Windsor, los Orange de los Países Bajos, los Borbones y demás casas reinantes o en al acecho, son los propietarios y jefes de estado.

En este punto, cuando el dólar es una moneda supravalorada, oscilante y flotante, y los emergentes demandan una moneda nueva sólida de referencia y el abandono del dólar agonizante, la caída inesperada del socialista Dominique Strauss Kahn -el principal rival del aliado Sarkozy también muy casual y accidentalmente- al frente del FMI, aparece relativizada y deslocalizada, como una anécdota muy esperpéntica, una comedia popular, muy populachera y barriobajera, en que un supermillonario muy tacaño viola camareras por no contratar prostitutas, en el reino de Play Boy vs Penthouse, cuya oportunidad para los intereses Bilderberg e imperialistas tampoco parece afectar ninguna mente razonable pública. Ni ninguna de sus "cadenas" teleestúpidas o prensa "libre".

Cualquier jugador sabe que siempre gana la banca, en el casino. En el mundo real, como el Monopoly, no siempre es así. El resultado, en este caso, no depende tanto del poder económico real de los jugadores como de quien se crea el farol y le financie, quien vote por su país o por sus amos. España, de momento, tiene para elegir entre los amos europeos y el amo Obama, el mercader de Venecia. No cabe otra alternativa para un gobierno sumiso y entregado -vendido e hipotecado- hasta ahora a las órdenes del amo real, pacificador de naciones y perseguidor de independentistas global, siempre que le sea pedido con un argumento convincente. Como un pepino.


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