El Colomí Missatger

Opinió política, mitologia i història de les religions

3 Nacionalismos

Escuché como rebuznaba el pelo teñido con su última colerina, sobre la enfermedad que le corroe tras habérselos bajado cuando le precisaban los votos nacionalistas para imponer su nuevo modelo de democracia neocon (abrev. de neocoñazo).

Y como ahora está de moda entre sotanas, falangistas y meapilas insultar con cosas como: comunista, nacionalista, violento, independentista... Reflexioné sobre los nacionalismos y sus usos históricos.

Lo primero se miren vds. -para nos aclararnos- lo que dice el dic. de la Real. Luego, cuando lo hayan mirado, se hayan sorprendido y comprendan que, bajo la definición oficial, no sólo es una nación Catalunya sino hasta el valle de Arán y el del Pas, entraremos en lo de nacionalismos.

Por comodidad y morro hay quien llama nacionalistas a los nacionalsocialistas o nazis: los de Faes, Hitler o Mussolini... Son éstos precisamente sus descendientes directos, los del nacionalismo único, teocrático y por la graciadedios que es quien paga. Los que dicen, curiosamente, que hay una sóla España, y no la goda o la prerromana, la euskalduna, cántabra, vaccea o layetana, sino la que se inventó Carlos I, el flamenco, a golpe de espada y mercenario contra la nobleza antigua que se resistió al expolio y la traición a sus fueros y cortes: los Comuneros. los mismos que glorian un castellano dialectal y chapurrean en inglés pero dicen Jose Luis porque no saben decir Josep, cuando en buen castellano fue antes Joseph que José.
Yo pensaba que mentían porque hablaban para necios. Ahora sé que ellos son necios y que a su alrededor sólo vuelan las moscas que morirán atrapadas, girando en torno a una luz que, súbitamente, llegado el día, se apagará sin que nadie la eche de menos, si no es para reirse de la última vez que alguien, canino o no, meó en la farola de pelo teñido.

Pero es entonces precisamente cuando el concepto de nación-estado ha arraigado ya profundamente entre las comunidades urbanas y buena prueba de ello es que todos los Austrias detallan cada uno de sus títulos citando expresamente la división original -y por tanto temporal en manos de tal monarca y por cesión de cada uno de sus reinos por parte de sus representantes-.

Y la defensa de la nación, el nacionalismo, deviene una lucha por la independencia desde Flandes a Lituania y desde Galicia hasta las Alpujarras, el reino de Murcia, Portugal, Cerdeña o Sicilia, con los resultados sabidos hasta hoy.

Dicho de otra manera: hay tres nacionalismos: el de Roma, el de Viriato y el de los traidores, a quien Roma acabará no pagando, como siempre, aunque ganare. Que cada quien se ponga en el tablero.

Hay quien es un faro, como Einstein, o su amigo Tagore, o incluso el muy traicionado Gandhi, amigo de ambos; o como un candil, el de Diógenes, el primer budista de Anatolia, que buscaba de día un hombre sin encontrar más que sombras, imágenes y animales. Con una vela o una cerilla iluminaba Tiziano un misterio y desvelaba penumbras de esperanza. Como las iglesias que sólo iluminan cuando arden, la voz de un genocida no sirve ni para agitar siquiera la tiniebla. La simple chispa del pedernal puede hacer que renazca el niño de la luz y el fuego, como hacían y hacen las vestales en su día recién pasado, tras la noche sin cocinar... Y una sóla cerilla, Andersen (¡éso sí eran cuentos!), puede iluminar una vida entera y despejar la habitación, y el mundo entero, como quien corre las cortinas por la mañana.

Ni el Bush de Guantánamo ni sus amigos Blair, Barroso... tienen ya para Rato. Las bolsas están submarinas, mirando a oriente y occidente como espectadores de tenis. El dólar se sostiene artificialmente, falseando, a la manera democrática, las cuentas. Y el peligro no está en el euro -que es sucursal- sino en el yuan... y el rublo. ¿Quién lo iba a decir cuando se había acabado la historia?

Si el Kisinger está más olvidado que Fernando de Enciso y Valenzuela, a quien amó tanto la corte y su reina, ¿qué será en la historia de aquel a quien sólo amaba la botella?



Yon Obebo Garcias

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