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El Dragón celeste o cuando las mujeres fueron marginadas


En todos los mitos antiguos, sin excepción, el ser primigenio que domina el universo es un dragón o serpiente monstruosa. En los kudurrus esta serpiente aparece unas veces circundando el sol, la luna y Venus – Utu- Shamash, Zuen-Sin e Inanna-Ishtar – y en otras, como en el de Melishipak (s.XII ane.), en la parte inferior. Su nombre y atributos no están claramente especificados y a veces se le identifica con Ningishzida (Señor del árbol verdadero), dios protector del Patesi Gudea de Lagash (Tello), que se representa protegiendo el árbol de la vida, enroscado a él y con dos cabezas, como primer caduceo y Abraxas-(Αβραξασ)-Zarvan Akarana. También con un oscuro Saharian o Satarian que podría significar serpiente que, en nuestra opinión, sería la constelación de Ofiuco. Desde luego Tiamat está entre los candidatos especialmente aunque todos ellos podrían ser aspectos de un mismo ser mítico.

Pero sí existe un factor cierto e ineludible que nos dará su verdadera dimensión: la estrella del Norte. La estrella polar de aquellos tiempos, en el 2.830 ane., no era nuestra Polaris sino, precisamente, la que conocemos como Thuban (Dragón) en la constelación del Dragón, circumpolar y por tanto siempre visible en el norte celeste, el centro de la bóveda estelar que en griego será “polos”, πολοσ, a la vez surco de la tierra, bóveda y eje celeste.

La estrella principal de la constelación de Draco, alfa Draconis o Thuban, estaba en esa fecha a sólo 10 minutos de grado del norte celeste y fué la estrella más próxima al norte durante casi tres mil años. Posteriormente, y a causa del fenómeno conocido en astronomía como precesión de los equinoccios, Thuban irá quedando relegada hasta que, en época romana, la estrella Polaris del Carro u Osa Menor habrá ocupado la actual posición de estrella más cercana al norte celeste. El ciclo dura unos 25.600 años, por lo que Thuban volverá a ser la Polar dentro de unos 21.000 años aproximadamente.
Es evidente que el desplazamiento del dragón mítico no es un hecho aleatorio y casual sino un factor fundamental en el proceso de observación y comprensión de los movimientos astrales. Así, Ullikummi, el dragón de diorita engendrado por Kumarbi, el Kronos de los hurritas, el Tiamat vencido por Ea sumerios, el Tifón derrotado por Zeus de los helenos, el Kukulkán de los mayas, Quetzalcoalt, serpiente emplumada de los aztecas, la Yormundgandar de los Eddas nórdicos, serpientes enlazadas célticas y sármatas o las incontables versiones de Extremo Oriente, siempre ligado a la realeza, son el mismo dragón celeste cuyo ojo – el uadjet egipcio – la estrella Thuban, lo ve todo desde el centro del universo.

Innanna como Señora de las Bestias, la Potnia Teron helénica o Ceres
En el poema ritual ya citado “Enki y el orden del mundo”, el dios pone al frente de los establos, abrevaderos y apriscos “al rey, proveedor fiel del Eanna, amigo de An, al amado yerno del valeroso Sin (casado con la hija- sacerdotisa de Sin), al esposo de la pura Inanna (la sacerdotisa como diosa), la señora, la reina de todas las grandes normas, que una y otra vez ordena la procreación de Kullab, a Dumuzi, el divino ushumgallu (Gran Dragón) del cielo, el amigo de An, Enki lo puso al frente”.

Hay que destacar no sólo la definición del rey como Gran Dragón sino su identificación con el dios de la vegetación y de los animales que cada año renovaba, con su “muerte” ritual, la vegetación, mientras que en el párrafo citado anteriormente asumía el poder de las aguas fecundadoras de los dos ríos, también por dejación de Enki-Ea. No hay que ser Freud para identificar agua de riego y semen como principios fecundadores. También es muy interesante la evolución de Dumuzi Ab-Zu, el “hijo legítimo de la Casa del Saber”, que empezó siendo un dios agrícola representado por la constelación del Cisne imaginada como una palmera, pues Dumuzi (rey mágico de semen fecundador) se identificaba con el vino de dátiles que entonces era la más potente bebida embriagadora de Súmer, al que seguramente se añadía extracto de opio como se hizo más tarde en Roma, y se repartía comunalmente durante el Akitil o Akitu, junto con pan, leche batida y pescado. Todo ello para que el status quo monarco-sacerdotal mantuviera al pueblo satisfecho. Nerón y Petronio no inventaron nada.

Los mitos no evolucionan sin razones, al contrario son el reflejo fidedigno de grandes o sutiles cambios en la mentalidad social de quien los expone. Así, cuando los cambios climáticos hicieron que dejaran de ser rentables las partidas de caza, dado que los rebaños salvajes habían buscado territorios más húmedos hacia el norte siberiano o a las altas cumbres o había sido eliminada la caza por la aplicación de nuevas técnicas – venablo con lanzador, arco y lanzas de tejo con punta de cobre, bronce y, en el caso hitita, hierro; auxilio de perros y caballos que permitían la presa con lazo, etc. – o tácticas como la caza en grupo usando elementos de camuflaje y códigos de símbolos y sonidos, resultó más económico criar rebaños y se impuso una ganadería seminómada: pastos altos en verano, pastos bajos o forrajes en invierno.

De esta manera los cazadores pasaron a ser también pastores y permanecieron mucho más tiempo en el territorio: el orden cambió, y la Gran Diosa de infinitos nombres, la vaca sagrada que amamantaba al mundo y de cuya leche nacería la Vía Láctea y las constelaciones, fue cediendo sus poderes, primero a su esposo, luego a sus hijos y, finalmente, ¿qué quedó?
A ello responde nítidamente “Enki y el orden del mundo”: “Entonces, por sí misma, habiendo dejado el cetro real, la mujer... la virgen Inanna, habiendo dejado el cetro real, Inanna entró en el templo de su padre Enki humillada; sollozando profirió un lamento. “Las decisiones de los Anunnaki, los grandes dioses, Enlil puso firmemente en tu mano. A mí, mujer, yo sola ¿qué haré? Yo, la pura Inanna, ¿dónde están mis prerrogativas?”

A continuación se citan los deberes de Inanna y, con ellos, los de las mujeres según sus conocimientos, habilidades o privilegios, dejando muy claro el interés de Enki por cuidar al sexo femenino y liberarle de sus pesadas tareas, ¡ojo a la frase!: “Enki perfeccionó grandemente lo que es trabajo de mujer”.

Innanna y Enki-EA
Tras el anuncio publicitario se desgranan los menesteres femeninos otorgando a Uttu, diosa de los hilados y tejidos, la confección de las telas y el control de abastecimiento de lana, lino, cáñamo y demás fibras, joyas y “ornamentos” de los que dependerá el vestido del pueblo o de los reyes, sacerdotes y sacerdotisas, la curia que dará la corte.

En el mito de Lahar y Ashnan, el pastor y la agricultora, se habla de un tiempo en que las cosas no habían sido nombradas, es decir, no existían aún: “como Uttu no había sido formada, y para Uttu no había sido levantado ningún lugar sagrado, todavía no existían las ovejas, no había nacido aún ningún cordero; todavía no existían las cabras, no había nacido aún ningún cabrito... No había vestidos con los que vestirse, porque Uttu no había nacido aún, porque la corona no se había erguido aún”. Otra de las facetas reservadas a las hijas de Inanna por Enki será la expresada por la diosa Nintu, Ninhursag, como “Señora del Parto”: “Nintu, la señora de la montaña tomó la procreación pura para sí... se adueñó de la vasija sila-garra de lapislázuli, tomó para sí su sagrada y pura vasija ala... (Instrumentos de su labor como partera). Se convirtió en comadrona del país”.

En las jarras llevarían las comadronas drogas para las parturientas pues, como afirma el profesor Escohotado: “Ya en el tercer milenio ane. tablillas cuneiformes halladas en Uruk representan la adormidera (Papaver somniferum) mediante dos signos, de los cuales el segundo significa también “júbilo”, “gozar”. Bastante posteriores, del XXII ane., son otras tablillas donde se menciona la cerveza como remedio, recomendándose para mujeres en estados de lactancia”.

La cara más antigua del oficio reservado a las féminas no puede faltar, aunque sea en su aspecto más sagrado de prostitución ritual: “Aquella hermana mía, la sagrada Nininsinna se adueñó del brillante unu; se convirtió en la hieródula del cielo; surgió de An (como Atenea) y expresó sus deseos”.

Ninmug será la patrona de las y los orfebres dotada con “un cincel de oro y un martillo de plata”: “El hacer nacer al rey, ceñirle la noble diadema, el hacer nacer al señor, imponerle la corona en la cabeza: tú lo has puesto en su mano”.
Nanshe, la antigua diosa protosumeria de las aguas dulces y “de la montaña pura”, cuyas infraestructuras son la base económica del bienestar de Súmer, ya no controla las esclusas y canales más que simbólicamente, ahora “Nanshe, la noble señora... se ha convertido en la inspectora de las pesquerías, los mejores peces presenta a su padre Enlil”. Finalmente Nidaba, señora del grano, sucesora o paredra de Ashnan, será la agrimensora y sus discípulas controlarán todo el proceso de siembra, riegos y cosecha, así como la elaboración de la harina y el pan: “Aquella hermana mía – habla Inanna – la pura Nidaba, tomó para sí la vara de medir, la medida de lapislázuli colgó a su costado; atrajo a sí las grandes normas; erige los terraplenes, delimita los campos; es la escriba del país”. (Ash significa a la vez, grano, espiga y pan. Nan: “Señora en el cielo”).

Innanna, posterior Ashtarté, Asherat, Anat o Anahita
No obstante sus atribuciones, Inanna no se halla conforme y protesta a Enki quien, tras un texto algo incomprensible, afirma: “Tú te has hecho cargo del cayado, báculo y vara del pastor, virgen Inanna, ¿Qué cosa más te añadiré? Al grito de asalto y batalla tú sabes lanzar el grito de respuesta” (pensamos en un grito como los de las mujeres bereberes del Mogreb). Y lo clásico: “Tú retuerces la hebra derecha, virgen Inanna, tú enderezas la hebra torcida, tú sabes quitarte vestidos (¡!), tú sabes ponerte vestidos, tú sabes tejer el paño-mug (un invento de Enki, posiblemente un tipo de telar), tú sabes hilar con el huso (¿Inanna-Cenicienta-Bella durmiente?), tú con hilo blanco teñido sabes hacerlo variado... Sabes pronunciar el grito de lamento” (plañideras) y el piropo inevitable: “Tú, virgen Inanna, cuyos admiradores no se cansan de mirarte”. Al fín los oficiantes exclaman en aleluya: “¡He aquí que la inundación ha venido, que el país está restaurado! ¡La inundación de Enlil ha venido, el país está restaurado! ¡Alabanza al padre Enki!”. Y todos a casa que la fiesta ha concluido, con los cargos públicos nombrados para su función anual, como indican las Tablillas del Destino o Dup Shimati, elaboradas por los grandes dioses, Anu, Enlil y Ea, es decir, los grandes sacerdotes o magos de sus templos en cónclave o asamblea.

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