El Colomí Missatger

Opinió política, mitologia i història de les religions

El Invierno Supremo

“Mucho he viajado (Odín), mucho he indagado, mucho a los hombres pregunté, ¿quiénes se salvarán cuando el Fimbulvetr (Invierno Supremo) llegue a los hombres?
(Vafthrudnismal o Discurso de Vafthrúdnir).

Así testimonian las antiguas Eddas el recuerdo de los tiempos gélidos, que deberán volver cíclicamente. Y profetiza sobre los supervivientes:
“Lif (Vida) y Lífthrasir (Colmado de vida), habrán de ocultarse en el bosque de Hoddmímir (Mímir del tesoro: el fresno Yggdrasil),
el rocío matutino comerán sólamente, y engendrarán a los hombres todos”(44, 45).
El fin del verano, antes que un otoño fugaz se transformara en un invierno semestral, era el momento de buscar refugio en la sede del clan o la tribu para la llegada del no tiempo, el año nocturno.
Un indio pawnee de norteamérica narró un antiguo mito (Mircea Elíade) que recuerda los años extremos de las gélidas glaciaciones, hace unos 20.000 años:
“Antes de que el mundo existiera nosotros estábamos dentro de la tierra.
La madre Cereal produjo un movimiento. Nos dió la vida.
Recibida la vida, nosotros nos movimos hacia la superficie:
¡Nos pondremos en pie como hombres! ¡El ser se ha hecho humano! ¡Es una persona!
A la forma personal se añadió el vigor: forma e inteligencia unidas, ya podemos avanzar.
Pero Madre Cereal nos advierte que la tierra aún está inundada.
Madre Cereal proclama luego que la inundación ha desaparecido, y que la tierra ya verdea.
Madre Cereal manda que la gente suba a la superficie.
Madre Cereal los ha juntado; recorren medio camino hacia la superficie...
¡Aparece la primera luz! Madre Cereal los saca fuera.
Ya han salido hasta el pecho. Trepan hasta la superficie de la tierra.
Todos han salido ya, y Madre Cereal los lleva desde el este hacia el oeste.
Madre Cereal los lleva hasta el lugar de su morada... ¡Todo está hecho! ¡Todo es perfecto!”.
Otro mito de los indios zuñís de Nuevo México dice que los hombres vivían en una caverna subterránea, de la que ascendieron a una segunda, tercera y, al fin, “como las veces anteriores se halló pronto superpoblada. Las naciones de los hombres fueron sacadas de allí sucesivamente (y algunas también se perdieron como ya antes había ocurrido) hasta la siguiente y última caverna del mundo, Tepahaian tehuli, el vientre del parto”.
”Había allí luz como cuando rompe el día y los hombres empezaron a percibir y saber cosas conforme a sus distintas complexiones, después de lo cual los Gemelos les enseñaron a buscar lo primero de todo a nuestro Padre Sol, que les revelaría el saber y el conocimiento de las cosas de la vida, entre ellas el modo de procrear niños.
Pero al igual que había ocurrido en las cavernas anteriores, también ésta quedó superpoblada de nuevos seres. Finalmente, por tandas, los Gemelos fueron sacando de allí a las naciones de los hombres y a las especies de las criaturas, hasta llevarlas a este espacioso mundo superior, que se llama Tek’ohaian ulahnane, o mundo de la luz diseminada y del conocimiento o visión”.
El período máximo glaciar alcanzó su fase más acusada entre los 19.000 y 15.000 años antes de nuestra era. (Arsuaga).
Durante el máximo glaciar las nieves perpetuas descendían cada año a cotas más bajas, reduciendo el bosque frío y dejando el pelado paisaje de las cimas alpinas o pirenaicas; igual sucedía en las latitudes boreales y australes más próximas a los polos (que no eran las mismas que ahora exactamente).
El polo sur estuvo en Sudáfrica y el Kalahari, y el norte por aquellas fechas, en Canadá. Los mares y océanos retrocedieron unos 120 m. por debajo del nivel actual.
Sin embargo, en época sumeria (3.000 ane.), Kuwait (el vergonzoso invento inglés, de su Graciosa Majestad y la British Petroleum, para quedarse los yacimientos allí hallados durante la primera Gran Guerra, del 1914 al 1918) no existía, cubierto por las aguas del golfo Pérsico.
En el siglo XI dne., se llegaba a Brujas, Bélgica, en barca.
En épocas geológicas más antiguas el Mediterráneo estuvo seco y en época clásica griega y romana las aguas se hallaban a unos 60 m. de profundidad con relación a las actuales en la costa mediterránea. Y el clima sufrió un nuevo enfriamiento, lo que, por ejemplo, empujó a los cimbrios y godos, agricultores del reciente norte neolítico, a buscar nuevas tierras al sur a comienzos de nuestra era (dne.).
Igual sucedió con la breve “glaciación” que se inició sobre 1450, tras cien años de oscilaciones graves, llegando a su fondo térmico a principios del s. XIX, en época de la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas, coincidiendo, según los astrónomos republicanos, con el inicio de la Edad de Acuario (ca. 1762).
Era el tiempo mítico para los aqueos de Kronos: Padre Tiempo, rayo furioso (karaunes), cabeza (krata), copa de árbol (korone), cuervo (korax) y yelmo (kranos):’o kratón pantón: el amo de todo.
Y de Rhea, Reina de las aguas y los caballos (Pi-Rwa hitita, E-Pona galo-romana, Phili-Ra griega), la Gaia, Γαια, Γη, Gea o Ga. La tierra como madre vaca: gaus en sánscrito; en avéstico y persa aqueménida gam: vaca; sáns. go: toro. La diosa vaca y/o yegua creadora de la Vía Láctea, su esposa (las hindúes Katmandú y Subati).
Si él dominaba el fuego temible, rayo o volcán de cuya cabeza surgían monstruos ígneos, ella guardaba celosa el fuego tenue y protector del lar familiar y el agua pura y limpia con que refrescar y olvidar el polvo del camino, cual fiel guardiana con sus tres hijos: el trikranos, el de tres cabezas, el guardián, grifo o cancerbero del hogar primigenio, el Hades donde los aedos entonaban los himnos de los ancestros y sus glorias pasadas.
Siguió un progresivo calentamiento que comenzó en las zonas meridionales de Europa el retroceso de los hielos perpetuos hacia 10.000 años ane., mientras que a la península escandinava no llegó el deshielo hasta 7.000 años ane.
Con el acercamiento progresivo de la tierra al perihelio, o centro de la órbita más próximo al sol, durante los inviernos, partiendo desde su alejamiento máximo hiemal en el momento álgido glaciar, es decir, cuando se producía el solsticio invernal en el afelio, o punto más alejado de la órbita solar, el clima se suavizó, siendo los inviernos menos fríos y los veranos menos secos.
El bosque boreal avanzó así hacia el norte en la taiga y la tundra (o en las laderas alpinas), al ritmo de un kilómetro anual, como retrocedían los bosques del Sahara, Takla Makán, Lut o Gobi a un ritmo similar hasta su desertización, en latitudes inferiores.
Johannes Jensen, Premio Nobel de Literatura en 1944 y natural del Himmerland occidental danés que se identifica con la antigua Cimbria, dedicó su más famoso ciclo literario, “El periplo escandinavo” a los cimbrios y sus hazañas. En su obra narra este proceso de calentamiento con palabras insuperables:
“Musgos y plantas acuáticas llenan los charcos y transforman vastos eriales inundados en pantanos cenagosos; llegan las aves de paso; vienen los ánades en zumbadores ejércitos, graznando; llegan cisnes, gansos y otras aves acuáticas a sondear con sus afilados picos el barro para pescar gusanos, lombrices y caracoles; vienen chorlitos, becadas y garzas, que han viajado mucho y quieren pasar allí el verano; viene el avefría con su desmelenado penacho y estrena la primavera para siempre; ya está en el cielo la alondra, mirando allá abajo la tierra desnuda recién creada o contemplando sobre su cabeza, deshecha en cánticos, el sol formando grandes abanicos, refrigerantes, apoyado en pilares de nubes”.
“En los lugares donde las aves han defecado y los musgos y líquenes putrefactos han formado humus, van surgiendo más tarde flores y plantas herbáceas que cubren con su fría alfombra la tierra. Ya los sáuces enanos encuentran sustancias nutritivas con que alimentarse. Los primeros brotes de los sauces encienden su frío fuego a la luz del primer sol frío. En aquel momento la tierra queda ya bastante seca después del deshielo”.
“El país está ahora transitable por todas partes; yermos pedregosos y dilatados pantanos se llenan de malezas y sauzales; liebres, ratones y toda clase de roedores encuentran alimento adecuado en el país; siempre dispuesta a lanzarse sobre ellos, anda la zorra en acecho; sobre su guarida se ciernen inmóviles las aves de rapiña. De este modo transcurre rápidamente un milenio, al cabo del cual los renos invaden la región, y vuelven a evacuarla porque el tiempo no mantiene constantemente el frío que ellos necesitan; los veranos se van alargando paulatinamente, y, con lenta y paciente marcha, viene avanzando la selva”.
“El abedul enano es el primer árbol capaz de desarrollarse hasta asentar y fijar sus raíces en el hielo, y está tan a ras de suelo, que el tiempo es incapaz de marchitarlo, pues el árbol está como agazapado.
Tras él viene el abedul al hacerse más benigno el clima; este níveo y esbelto árbol resiste tranquilamente la lluvia, el viento y el granizo, que atraviesa su dilatada copa; ha entrado en escena como un soldado apostado en una avanzadilla. Resiste él solo hasta que se multiplica y se convierte en bosque; cuando el viento cree que puede eliminar al abedul, no consigue más que llevarse su semilla, con lo cual muy pronto van apareciendo abedul tras abedul, formando un bosque cada vez más denso. En su compañía va brotando el álamo temblón, que se estremece de arriba abajo, pero no se rinde ni se muere, y, unidos todos, forman la primera selva frondosa, elevada y accesible; aunque el huracán agita las altas copas, el bosque tiene ya rincones soleados y tranquilos, por donde anda el alce, olfateado por el lobo.
También en el bosque, con su torpe y tambaleante paso, el oso voltea las piedras buscando ratones y hartándose de ramillas de arándano antes de meterse en su cubil invernal constituido por troncos derribados y cubiertos por un montón de nieve”.
“Más tarde aparece el pino, áspero y oscuro envolviendo las piedras con sus raíces tortuosas para afianzarse. El enebro se arrastra a ras de tierra en los sitios batidos por el viento y se eleva erecto donde hay abrigo; donde no brotan otras plantas, los brezos visten con su manto las alargadas colinas agitadas por el viento”.
“Y al final, cuando resulta adecuada para él la combinación de sol, viento y lluvia, aparece el roble. Su desarrollo es lento; no tiene prisa para llegar a viejo; el abedul y el álamo temblón se retiran respetuosamente a los pantanos, y los abetos, a los campos pedregosos más áridos; el roble se extiende a sus anchas en el terreno de tierra más fina formando bosques con todos los árboles que van llegando a continuación de él: tilos, serbales, manzanos silvestres, avellanos, madreselvas y agavanzos van surgiendo bajo el robledal...”.
“Escondidos en el bosque están todos los animales selváticos: ciervos, jabalíes, ardillas, tejones y todas las aves canoras del bosque; donde antes cantaba el viento de la estepa, se yergue ahora el bosque encerrando en su interior su silencio y su secreto”.

De Los Lobos del Cielo, de C.A.G.

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